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Jueves 17 de Mayo del 2012

Columnistas | 30-04-2011 | Renato Cisneros

UN POQUITO DE GRANDEZA

 

La idea es unirse en un solo bloque: aglutinar fuerzas democráticas para oponerse al autoritarismo que –gane quien gane–  probablemente caracterizará al próximo gobierno. Eso que no pudieron (o no supieron) hacer Toledo, Castañeda y PPK con miras a la presidencia por falta de decoro, hoy se convierte en el interesante reto parlamentario que podrían asumir las bancadas de Perú Posible, Solidaridad, Alianza por el Gran Cambio, el Apra y sus aliados.

 

La iniciativa ha sido presentada en diversos medios por Luis Galarreta (APGC), Carlos Bruce (PP) y Renzo Reggiardo (SN), y tiene, para mi gusto, el atractivo de ofrecerle a la ciudadanía una eventual gestión parlamentaria de contrapeso. Si las bancadas minoritarias logran juntarse, las de Gana Perú y Fuerza 2011 tendrán mayor necesidad de dialogar, de buscar consenso, y lo pensarían dos veces antes de promover algún proyecto de esos que se suelen cocinar por lo bajo.

 

Este último Congreso, lo sabemos, ha sido más calamitoso y decepcionante que el anterior. Es más, continúa siéndolo: no solo porque durante la reciente campaña electoral hubo una masiva y rochosa tirada de pera de parte de varios otorongos que buscaban reelegirse, sino porque hasta el día de hoy algunos –en la desubicada búsqueda de beneficios– ostentan, con el perdón del fraseo, una concha inobjetable. Ayer nomás, por ejemplo, circuló la intención de una argolla de congresistas perdedores (es decir, sancionados por los electores en las urnas) para que el pasaporte diplomático de que gozan los padres de la patria se extienda como un derecho perpetuo, imprescriptible. ¿Debería sorprendernos ese insolente derroche de frescura? No, cuando vemos que quienes defendieron tan fallido proyecto son, entre otros, Walter Menchola y Álvaro Gutiérrez. Dos joyitas que invitan a hacer memoria. El primero fue denunciado periodísticamente el 2007 por colmar de beneficios laborales a la universitaria Karen Ku, cuya relación con Menchola habría excedido los límites laborales. Si no eran amantes, eran algo parecido. Aún recuerdo al eléctrico Walter alisando su bigote, tragando saliva delante de la prensa en el salón de un hotel de Miraflores, mientras pedía perdón a su familia por tan patético ampay. El otro, Gutiérrez, no solo fue acusado de contratar supuestos asesores fantasma y de haber disfrutado 210 viajes oficiales en menos de cuatros años (varios de ellos plagados de numerosas irregularidades), sino que hasta tuvo que enfrentar la denuncia de su propia hija, quien le abrió una demanda porque el señor no le facilitaba una pensión adecuada para cubrir sus gastos de alimentación y estudios.

 

Es cierto: nadie nos garantiza que el nuevo Congreso sea menos indecente que este que ya se va, pero hay que respaldar cualquier medida que pudiera fortalecer la fiscalización dentro del Legislativo y hacerle el pare a un Ejecutivo que pretenda desbandarse. Un posible bloque de oposición sólida, con 45 representantes o más, de inspiración democrática, que asuma compromisos públicos para evitar el transfuguismo, la impunidad y las componendas, nos resulta mucho más rentable que cuatro bancaditas con relativa representación pero sin fuerza para protestar ni capacidad para combatir abusos. 

 

Ojalá que esta idea tome cuerpo. No es tan difícil. Solo hace falta un poquito de grandeza.

 
Renato
Cisneros

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