El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Jueves 17 de Mayo del 2012

Columnistas | 04-06-2011 | Renato Cisneros

PROHIBIDO PROHIBIR

 

Anticuada como una vieja que le hace virreinales ascos a la modernidad que la desborda; y opresiva como una persistente nube negra que encopetara el cielo de junio, la Ley Electoral se cierne una vez más con sus prohibiciones sobre el sufrido pueblo de votantes.  

 

De todas las restricciones que la norma impone son dos las que, a mi juicio, el próximo Congreso debería abolir por infructuosas. Me refiero, cómo no, a la inútil limitación que existe para difundir encuestas, y a la Ley Seca, esa torpe guillotina que, en su cívico deseo de cerrar el caño, solo consigue multiplicar la sed.

 

Según el artículo 191 de la Ley Orgánica de Elecciones, queda terminantemente prohibida “la difusión de encuestas y proyecciones sobre intención de voto después del domingo anterior al acto electoral”. Los intérpretes de la ley sostienen que lo que se busca es que cada elector pueda dedicar esa última semana a la reflexión. La idea, dicen, es que evaluemos nuestro voto sin influencias ni perturbaciones.

 

Sin embargo, se respira cierta arbitrariedad en el concepto de ‘reflexión’ que el documento trasluce, pues da la impresión que para los respetables señores del JNE el acto de reflexionar tiene un matiz pacífico y bucólico. Quizá creen que la lucidez solo puede ser producto del desasosiego, o que nuestras más íntimas dudas cívicas únicamente pueden ser aplacadas si nos retiramos hacia algún destino pastoril. Lo ideal, entonces, según ellos, sería desconectarse y fugar en grupo, no sé, a Cieneguilla, Mamacona o Huampaní. ¿Pero qué pasa, entonces, con quienes preferimos reflexionar midiendo encuestas, comparándolas, torturándonos hasta el último instante con el barullo de las cifras, aproximaciones y tendencias? Si ese es nuestro atolondrado modo de depurar el pensamiento, por qué se nos impide practicarlo.

 

Resulta ocioso, además, prohibir sondeos cuando las agencias internacionales hacen públicos los resultados en Internet, y las redes sociales propalan todos los números, cuidándose solamente de no mencionar a los candidatos ni a las encuestadoras, para lo cual les adjudican ingeniosos remoquetes en clave. Ayer, por ejemplo, en el Twitter corrió temprano este mensaje que, siendo críptico, podía tranquilamente descifrarse: “En la bodega de Pando, el Pisco está a 47 soles y el Sake a 43.8. ¡Compren caleta que hay ‘Ley Seca’!”.   

 

La segunda prohibición obsoleta, contenida en el artículo 351,  impide el expendio de bebidas alcohólicas desde 48 horas antes hasta las 12 horas del día siguiente al acto electoral. Al parecer, existe un grosero desconocimiento de parte de las autoridades de las  viejas tradiciones de la bodega de barrio: la bolsa negra, la luz apagada, el toque de puerta con contraseña. Esos recursos o triquiñuelas garantizan en cada distrito el expendio ilegal de bebidas del más grueso octonaje.

 

Por otro lado, si se pretende que el elector llegue a la mesa de sufragio sobrio, en posesión de todas sus facultades mentales, pues hay que advertir que la Ley Seca está fallando clamorosamente en su objetivo. ¡En el Perú nunca se chupa más que durante las horas en que rige la Ley Seca! Al mantenerla activa, más que persuadir al pueblo de que no se embriague, se le invita a que chupe por adelantado.  

 

Dicen que no somos un país maduro ni responsable. Puede ser. Pero la culpa no es solo ciudadana. Hay sobre todo falta de educación. Sospecho que solo aprenderemos a votar con conciencia el día que el Jurado aprenda a prohibir con sensatez.

 
Renato
Cisneros

Mis otra columnas
Galería Fotográfica
Galería Fotográfica
Encuesta

¿Está de acuerdo con el desempeño del Gobierno en el caso Conga?





Diviértete