Columnistas | 06-08-2011 | Juan Infante
Creo firmemente que debe existir una política de promoción que permita que un contingente importante de amas de casa se sume a la vida empresarial y laboral. No será fácil, pero es la vía más eficaz para mejorar los ingresos familiares en las zonas urbanas del Perú.
No creo que sea el machismo masculino la barrera más fuerte para lograr esto. Desde hace dos años dialogo en Lima y en provincias con obreros y, luego de revisar sus economías familiares, la enorme mayoría está de acuerdo.
Ahora mismo estoy en Chimbote con un grupo de setenta obreros. Ellos trabajan en una fábrica pesquera que les ofrece mis cursos de empresarialidad para que sus familias mejoren su economía a través de la puesta en marcha de negocios.
Mi propuesta es incorporar a más miembros de la familia en la tarea de producir ingresos: a la pareja ama de casa, principalmente. Mis alumnos reciben 14 sueldos al año, probablemente los mejores sueldos de la ciudad para sus empleos y reciben utilidades. Tienen, pues, una situación privilegiada.
Pero nunca es suficiente. Los hijos, la construcción de la casa, las demandas de ropa, educación, gustitos, artefactos eléctricos, etc., hacen que los sueldos no alcancen. Por eso piden préstamos y usan sus tarjetas de crédito. Luego se angustian cuando hay que pagar las cuentas y ven como se evapora el ingreso semanal.
Y ahí comienza la cantaleta de pedir que les adelanten el pago. Las empresas viven constantemente con la presión de los adelantos. La tarjeta y los demás mecanismos de crédito manejados como si fuera un aumento de sueldo han desordenado la economía del trabajador y enturbian el clima de tranquilidad laboral al que aspiran las empresas.
“No hay posibilidad de aumentos de sueldo significativos” les digo a mis alumnos. No nos engañemos. Ustedes necesitan más de 50 o 100 o 200 soles mensuales. La única manera que eso se logre es que otro miembro de la familia se sume a la tarea de producir ingresos.
Ahí es cuando el varón encaja la necesidad de que la pareja ponga un negocio o busque un empleo. Como lo hace la mayoría de parejas de los profesionales. Dos ingresos mejoran sustancialmente la economía familiar.
La problemática de la mujer es distinta y más compleja. Su natural y amoroso apego a sus niños, la pérdida de confianza por sus años fuera del circuito laboral, el no tener o el costo de tener con quien -o donde- dejar al niño, son todos temas prácticos con respuestas individuales difíciles.
Pienso en qué y cómo se puede hacer y con qué dinero y lo que se me ocurre es hacer un equipo interministerial (MIMDES, Educación, Produce) que trabaje sobre todas las variables y produzca un nuevo concepto de programa social.
Ya se necesita una nueva doctrina que supere la ya vieja de los programas sociales de emergencia en las áreas urbanas. El dinero puede salir de los mismos programas sociales como Comedores Populares. Hay que invitar a las mujeres organizadas a conversar y también a sus parejas y sus hijos.
Juan
Infante