Se avecina una segunda etapa de la crisis internacional. A los países europeos y a Estados Unidos no les quedará otra que asumir que tienen que tomar el toro por las astas y que deben dejar de patear la crisis para más adelante.
Si las reglas económicas son iguales para todos los países del mundo, viene el gran sinceramiento. Tarde o temprano los países desarrollados tendrán su propio Fujishock. En economía no hay milagros. Ante este segundo momento de la crisis norteamericana y europea, los peruanos debemos aprender a mirarla con distancia. Esta no es nuestra crisis, es la de ellos. Nos va a afectar, pero no nos va a mandar al hoyo.
En el año 2009 ya hemos tenido un amago de lo que se viene. Sería bueno revisar como nos comportamos en ese momento. ¿Actuamos con sabiduría y tranquilidad? ¿Confiamos en lo que habíamos construido?
Yo creo que, en ese momento, tanto el Estado como las grandes empresas sobrerreaccionaron. La consecuencia fue nociva: la economía se desaceleró más de lo necesario, por tanto demoró en prenderse y cuando se prendió, como la desaceleración fue por expectativas y existía mucha inversión aguantada, se sobrecalentó.
Ahora, los peruanos debemos tener la inteligencia para aislar los problemas que podría suscitar la crisis de los países ricos y fortalecer a los sectores que tendrán mayores oportunidades de crecer frente a la crisis.
Debemos unirnos para que no nos vuelva a pasar lo mismo. Debemos actuar como una sociedad madura. Esto exige harto diálogo en el sector empresarial, en el gobierno y entre los dos. Los peruanos no estamos acostumbrados a ese diálogo; ante esta emergencia, ¿podremos?
Recuerdo que Alan García en el 2009 dijo que la crisis no nos iba a afectar. El sector empresarial no le creyó (tenía motivos de sobra) y simplemente frenó en seco. Fue tonto de nuestra parte. Aprendamos. Si actuamos en conjunto frente a esta crisis, iremos más lento, pero seguiremos creciendo en todo momento. Y cuando los países en crisis se recuperen tendremos la posibilidad de correr de manera imparable. Esta crisis que viene puede ser nuestra gran oportunidad.
En el Perú tenemos grabados en nuestros genes la palabra crisis. Sabemos sobrevivir. Pero debemos aprender a vivir con más confianza. El miedo no ayuda a la toma de decisiones económicas en la familia, ni a la toma de decisiones empresariales ni a las del Estado.
Las filiales de las compañías norteamericanas y europeas en Perú van a frenar sus inversiones, porque van a concentrar sus esfuerzos en no desbarrancarse en sus propios países ¿Cómo reemplazamos a esos inversionistas? El mercado externo va a decaer, pero nuestro mercado interno necesita consolidarse. Esto ofrece una gran oportunidad.
Seguimos necesitando carreteras en el interior, pistas en las ciudades, mejoramiento de mercados de abastos, supermercados, consolidación de las ciudades en el interior, vivienda, potenciar nuestras pequeñas empresas.
Tenemos mucho por hacer en el Perú. Las empresas y personas afectadas por la crisis internacional podrían reengancharse rápidamente si nos concentramos en el desarrollo de nuestro mercado interno. Esta crisis es una gran oportunidad.
Juan
Infante