¿Podrá la prensa, las radios de noticias y los programas dominicales sobrevivir al silencio del Presidente? ¿Y ahora? Deben estar pensando los directores ¿De qué hablamos? Ya vendrán seguramente los chongos, los escándalos contundentes que activarán a la prensa de investigación y a la del raje. Pero aprovechando la cautela presidencial sería bueno que todos los que trabajamos en los medios entremos en una fase de replanteamiento temático.
Los que comunicamos, ¿realmente estamos al servicio de la gente? Por ventas y por rating, fomentamos la bronca y el apanado. Por infantiles, damos rienda suelta a nuestros odios personales y a nuestras rabietas ideológicas. Nuestros medios de comunicación y nosotros, los que comunicamos, las más de las veces somos más adolescentes que nuestro propio país.
Hace unos años dicté un curso sobre empresas de comunicación en la facultad de periodismo de una universidad y recuerdo que en la sumilla del sílabo coloque una frase similar a esta: en un país que tiene evidentes problemas de comunicación, ¿cuál es el reto de los medios y de los comunicadores? ¿Cuánto de los problemas de comunicación del país dependen de nosotros? ¿Qué oportunidades empresariales existen en un país con tanta brecha comunicacional?
Los peruanos tenemos problemas de comunicación. El principal, no nos conocemos. La agenda de los medios es limeña y ni siquiera de la gran Lima. Los que hablamos, hablamos de nosotros y para nosotros, para los que conocemos y nos conocen.
Nos ocupamos poco de darle la oportunidad de hablar a los peruanos que no viven tan cerca. El centralismo comienza en los medios, pero nosotros le echamos la culpa al Estado y al gobierno de turno. Distorsionamos al cercano, y al lejano no le damos tribuna ni lo reflejamos. En un país tan diverso, los medios somos de lo más monótonos.
En las empresas de comunicación se ha reducido los presupuestos tanto que no permitimos a los comunicadores investigar, nutrirse, recrearse. Se paga mal y se exige mucha labor: los trabajadores en los medios tienen que estar todo el día produciendo notas, grabando, ficcionando. Todo es rápido y la rapidez no permite calidad. Nos convertimos en máquinas de producir irrelevancias. Se exige mucho, pero en realidad se exige poco. Por el ritmo de trabajo no hay rigor ni posibilidad de exigirlo.
Los medios de comunicación tenemos un rol en la construcción cultural, social y política del país. Desde el periodismo, desde el magazine y desde la ficción. Hoy por hoy aportamos poco. En estos tiempos de silencio político vendría bien que nos pongamos a pensar en ampliar la agenda y en reducir la manera como regamos combustible.
Ahora bien, los medios viven de sus anunciantes y de la reinversión de sus accionistas. Los anunciantes, lamentablemente, son retrecheros. Aún la publicidad es vista como un gasto y no entienden la necesidad de fortalecer la comunicación interna (con el país). Y los accionistas piensan más en reducir costos que en mejorar plataformas.
Me gustaría un par de meses más de silencio presidencial para ver si se desata la innovación temática en los medios periodísticos.
Juan
Infante