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Lunes 21 de Mayo del 2012

Columnistas | 11-02-2012 | Juan Infante

Lima, el Tren Eléctrico y el Metropolitano

¿Por qué estas obras demoraron tanto en planificarse, financiarse, realizarse y en ponerse en funcionamiento? La ciudad más poblada del país no puede construir tan lentamente su infraestructura urbana. Si en la capital tardamos tanto, imagínense en el interior del Perú.

 

¿Por qué se retrasó tanto el tren? Mirando atrás, ¿fueron válidas las razones? Si se frenó por las investigaciones por los indicios de corrupción, eso se debió hacer en paralelo mientras se terminaba la obra (¿hubo presos?), si se hizo para que Alan García no obtenga réditos políticos, pues no los necesitó, contra todo pronóstico volvió a ser nuestro presidente y fue él el que terminó la ruta uno del tren (o casi).

 

¿Por qué ni Fujimori ni Toledo desarrollaron la obra? ¿Qué o quién los detuvo? Más de dos décadas después podemos concluir que su retraso fue una reverenda estupidez.

 

Lo mismo podemos decir de la lentitud del desarrollo del Metropolitano. Alberto Andrade planteó la obra a finales del segundo período en Lima y fue oferta de campaña en su ambición de un tercer mandato. Presentó los buses y el diseño básico. Castañeda ninguneó la propuesta aunque ganadas las elecciones desarrolló su primera ruta sobre la vía expresa. ¿Cuánto tiempo demoró en aceptarla y canalizarla? Creo que un período completo de gobierno. Finalmente, ocho años después - y quizás diez desde que ya se tenían los diseños – Lima pudo gozar de un poquito de transporte rápido masivo.

 

Somos sonsotes, o por lo menos lo parecemos. Los políticos no fueron capaces de superar su rivalidad o canalizar las investigaciones por corrupción de manera tal de no frenar el desarrollo de la ciudad. Y, la verdad, como sociedad tampoco hicimos nada para acelerar procesos.

 

Al parecer, no tenemos una densidad de instituciones que estén pensando Lima, ni empresarios interesados en hacer plata construyendo una ciudad abiertamente y sin negociados bajo la mesa. Lo más lamentable, los ciudadanos tampoco abogamos por la mejora de nuestra calidad de vida.

 

Por otro lado, seguimos manejados por el área contable del gobierno central. Tenemos plata, pero los que la administran ponen demasiadas trabas para el gasto y la inversión. Por vocación, son conservadores con el gasto (en una empresa nadie pone a los conservadores al frente en el momento que toca acelerar las inversiones).

 

Hay más: hacer obra en el Estado es tener riesgo de cárcel o desprestigio. El funcionario público no tiene ningún incentivo por hacer rápido. Todos temen acabar su gestión y pasar a juicio. Estamos atrapados. Lima necesita varias rutas del Tren y del Metropolitano. Otras ciudades y regiones también necesitan obras de magnitud.

 

Hay que simplificar trámites y tener mecanismos de control que no impidan el desarrollo de las obras. Hoy por hoy, ni se castiga al que delinquió, ni se promueve la acción de los honrados. Con la crisis europea, quizás la mejor política anticíclica sea invertir en nuestras ciudades, pero para hacerlo necesitamos cambios en el sistema y acuerdos políticos.

 
Juan
Infante

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