Hay años que son cruciales. Para el Perú, el 2011 tiene esas características. Cerca de 30 millones de personas decidiremos algunas cosas muy relevantes para nuestro futuro: lo principal es que elegiremos un destino y un equipo que lidere a nuestra sociedad hacia el rumbo elegido.
El dicho dice: “Todos los caminos llevan a Roma” y entonces parecería que no importa qué camino elegir. Da igual, todos nos llevan a destino. Pero el asunto es que si no sabes cuál es tu Roma no hay camino que valga. Ni conductor.
En la tradición política de nuestro país, sin embargo, hemos privilegiado siempre decidir quiénes ejecutan las tareas antes de haberlas definido. ¿A dónde queremos ir? ¿Cómo vamos a llegar a destino? ¿Quiénes podrían conducir el coche de manera más apropiada?
Por ello, nuestra elección se basa en emociones primarias antes que en la razón. Se privilegia el carisma de los candidatos o la rabia que nos embarga como electores antes que el análisis sobre lo que necesita el país para llegar hacia donde queremos que se llegue.
Los políticos no han hecho bien su trabajo en este sentido, pero tampoco los intelectuales ni los comunicadores. No tenemos, ni estamos permitiendo que se desarrollen, centros de pensamiento y reflexión sobre nuestro país. Tenemos muchas compañías de estudio de mercado pero muy pocas dedicadas a estudiar nuestra sociedad y a desarrollar propuestas para nuestro futuro.
En las buenas empresas se define primero la tarea y luego se responde a quién se la encargamos. Uno no pone un anuncio en el periódico para recibir candidatos a un puesto sin antes definir qué es lo que se necesita de la persona que vamos a emplear.
En la política peruana esta lógica no importa. Para nosotros, los electores, parece que tampoco. Por ello es que tenemos tantos candidatos y grupos políticos. Tantos aventureros buscando la Tinka.
Hace unos días, ante la profusión de candidatos, se me ocurrió que era necesario crear una disciplina nueva: la Egonomía, una disciplina científica que nos permita analizar a los líderes políticos que sobreestiman sus capacidades personales y aparecen como caudillos iluminados antes que como seres que organizan y preparan equipos para gobernar.
Quedan cinco meses para la elección. Aunque sea tarde hagamos el esfuerzo para definir nuestra Roma. Dejémonos de esperar al Mesías, de jugar a la búsqueda de nuestro Moisés. Ya no necesitamos atravesar el Mar Rojo.
Juan
Infante