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Lunes 21 de Mayo del 2012

Columnistas | 16-10-2010 | Juan Infante

NOS HEMOS `BASUREADO´ DEMASIADO

 

   Los peruanos hemos sido muy crueles con nosotros mismos. Cada vez que hemos tenido que nombrar a las personas envueltas en un nuevo proceso social, casi siempre hemos elegido una palabra con carga negativa o hemos llenado a las palabras de negatividad. El otro -distinto- nos perturba y como nos perturba, lo descalificamos.

 

   Este proceso no es solamente limeño.  Ocurre también en el interior del país. El otro externo, cuando viene en situación de desventaja -de mayor humildad, necesidad o pobreza- es “basureado”.

 

   Pongo el ejemplo más masivo de todos: el migrante andino llegado a Lima fue humillado por su acento, su música, su comida. Si “serrano” significa “provenir de la sierra”, en Lima su significado fue “sujeto de humillación, sujeto a humillar”.

 

   Los migrantes se instalaron masivamente en “invasiones” que luego se llamaron “barriadas”, “periferia” y más amablemente “pueblos jóvenes”.  Nunca fueron urbanizaciones. Sus pobladores fueron llamados “pobres” y no “gestores de un sueño”. 

 

   Sus actividades económicas fueron catalogadas de manera ofensiva: ambulantes, informales, piratas. Más recientemente se habló de microempresarios y cuando casi logramos que se les llame pequeños empresarios, hubo un retroceso, se les comenzó a llamar por siglas: pyme y luego, achicándolos más, mype. Ahora se ha puesto de moda una más benigna: emprendedores. ¿Por qué todavía no podemos llamarnos por lo que somos: EMPRESARIOS?

 

LA ESTIMA COLECTIVA

   Es momento de salir de esta situación anómala. Hemos estado perdidos en nuestro propio país. De tanta palabrita mal puesta, nos relacionamos entre nosotros llenos de prejuicios. De tanto prejuicio no hemos podido mirarnos.

 

   Hemos llegado a festejar como si Cristóbal Colón descubriera América cada librito reciente que da cuenta de un fenómeno de años. Ni Lima Norte, Sur o Este son América. Ni los limeños que viven progresando ahí desde hace décadas son “indígenas no avistados”. Eso es ofensivo. Y la ofensa es para más de dos tercios de la población de Lima.

 

   Hay una tarea urgente. Es momento de proponer una lectura moderna del Perú. Las palabras pesan mucho. Nos hemos “basureado” demasiado. Hemos castigado a todo aquel que luchaba por salir adelante con una serie de calificativos muy injustos. Si tuviéramos que poner un letrerito en el espejo de cada peruano: ¿qué tendría que decir ese cartel?

 

   Mientras nosotros nos sacamos el ancho, denigrándonos los unos a los otros, muchos países elaboran conscientemente su autopercepción.  En este aspecto, hay mucha chamba por hacer.

 
Juan
Infante

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