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Lunes 21 de Mayo del 2012

Columnistas | 05-03-2011 | Juan Infante

EL ESTADO

 

El Estado no funciona bien. Una gran parte del enorme equipo de “servidores públicos” no sabe para qué ni para quién realmente trabaja. Ganaríamos mucho si los próximos cinco años esta situación cambia. Me gustaría que un candidato se comprometa a hacer de esta su principal tarea: lograr que los servidores públicos se comprometan con nosotros. De lo que he escuchado, hasta ahora nadie lo ha hecho.

 

Los peruanos tenemos miedo a los policías; lamentamos mandar a los niños al colegio estatal, enfermarnos y tener que ir al hospital público y le tenemos terror a ser citados por el poder judicial o a recibir la visita de un funcionario municipal o del ministerio de Trabajo. Desconfiamos de todo el aparato estatal y la percepción ciudadana es que son pocas las excepciones.

 

Los peruanos empleados por el Estado para servirnos son un poco más de un millón. Pero vivimos en una anomalía mayúscula: no nos sirven. Nos dan miedo, nos deprimen, nos irritan y, a veces, como en el caso de la mayoría de congresistas nos parecen detestables. El empleado público está muy devaluado.

 

No podemos seguir así. Es demasiado absurdo. La productividad del empleado estatal es bajísima, su predisposición y compromiso con el trabajo es en términos generales casi inexistente y su vocación por solucionarle problemas a las personas que sirven es un error estadístico.

 

¿Cuánto mejoraría nuestra calidad de vida si las instituciones públicas funcionaran mejor? ¿De qué depende que sea así? Estamos concentrados en el “obrismo”, pero la obra sola no basta. Hace años que no ponemos atención a las personas. Hace años que no se invierte en mejorar la calidad de los servidores públicos. “Servir” es un pequeño ratoncito para semejante tarea.

 

Que el próximo equipo de gobierno nos deje un Estado que funcione bien, plagado de gente con mística. En Lima y en provincias. Porque en provincias el asunto es peor que en Lima. Los edificios públicos son monumentos a la falta de voluntad y empatía con la población. En el interior del país los poblados no tienen ni servicio de recojo de basura eficiente. Por eso es tan fácil que prendan las epidemias.

 

¿Cuándo se dio el desenganche del servidor público con su tarea de servir a la gente? ¿La vocación por servir existió alguna vez? ¿Qué tipo de equipo se necesita para hacer esta tarea? ¿Qué tipo de líder? ¿Qué candidato nos garantiza un mejor trabajo en este campo? ¿Cuánto presupuesto se debe destinar a reentrenar, reeducar, recontratar a todo el personal del Estado?

 

Me pregunto si solo tenemos que evaluar a los profesores. Yo creo que nos va peor con los policías, los médicos y los administradores de justicia. ¿Por qué no se les toma examen también? ¿Coinciden conmigo que algunos merecerían ser despedidos? ¿Hay alguien postulando en capacidad de despedirlos?

 

Yo quiero un Presidente con coraje. Nuestro Estado es una promesa muy incompleta. Quiero un Presidente educador, que inocule de ganas de servir a los funcionarios públicos. Nuestra población es muy joven y su cultura ciudadana muy débil. Necesitamos un Estado que a través del ejemplo nos eduque a todos en cómo hacer mejor las cosas. Ese debería ser el gran trabajo de este quinquenio. 

 
Juan
Infante

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