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Lunes 21 de Mayo del 2012

Columnistas | 09-04-2011 | Juan Infante

GRANDES E-LECCIONES

 

Nuevamente el pueblo peruano habla fuerte. Ha castigado y ha premiado. Les ha dado la oportunidad a varios en los últimos meses y algunos de ellos defraudaron. Lo que ocurra no es culpa de la gente sino de los torpes candidatos, financistas, asesores, jefes de campaña y comunicadores.

 

¿Qué pasará entre hoy y mañana? ¿Hacia dónde se seguirá moviendo esta masa inmensa de electores? ¿Qué premia, qué perdona, qué no perdona? ¿Qué quiere? Nadie podrá decir esta vez que el pueblo peruano no busca. Nadie podrá decir que el ciudadano peruano no da señales. Nadie nos puede decir que no somos exigentes.

 

El pueblo ha obligado al consenso los últimos once años y, en los noventas, después de los desastrosos ochentas, aceptó una tiranía a la cual después expulsó. Parece que hoy está decidido a vivir un nuevo sacudón. Así que es mejor que dejemos de asustar y de asustarnos porque parece que como colectivo somos ya un pueblo sin miedo. Aunque los resultados no nos gusten, confiemos.

 

A nuestro pueblo hay que respetarlo y hay que respetar sus decisiones, cualesquiera que estas sean. La segunda vuelta exigirá más de los candidatos y de nosotros, los que tenemos la chance de elevar nuestra voz públicamente. Estúpido sería de nuestra parte fomentar la histeria, los gritos destemplados y el rasgado de vestiduras.

 

¿De dónde vendrá el voto de los ganadores? Esas zonas y esos sectores sociales que fueron lo suficientemente inteligentes para ganar y consolidar su fuerza bajo un solo candidato deben ser respetados. Sus problemas deben ser priorizados. Los intelectuales y los medios deben variar su mirada y su agenda hacia ellos.

 

¿De dónde vendrá el voto de los perdedores? Esos sectores sociales que perdieron porque no pudieron aglutinarse bajo un solo liderazgo y dividieron su voto, deben aceptar que durante los próximos cinco años la prioridad la tienen los otros y, por tanto, no deben pretender colarse por la puerta trasera.

 

Nos toca consolidar la nación. Incorporar a todos en el desarrollo y, junto con ello, perdonar y también ser agradecidos.

 

Ojalá que los que ganen no destilen soberbia por los poros ni ánimo de venganza. Ojalá que lo que tengamos de parte de ellos a partir del lunes sea sabiduría y sosiego.

 

Lo que viene tendrá que hilarse con mucha fineza. Ya basta de relajo, el pueblo ha hablado y hay que ponerse a trabajar intensamente. La clase dirigente, la inteligencia, los que construyen opinión pública han recibido un gran jalón de orejas.

 

Cómo me encantaría estar en las reuniones campesinas y en los barrios marginales de las ciudades escuchando el por qué de sus decisiones. En estas horas se están terminando de construir las victorias y las derrotas de mañana domingo.

 

Soy tercer suplente de mesa y, como nunca, espero que mañana me toque sentarme como miembro titular. Estas elecciones están llenas de lecciones y me gustaría vivirlas en el mismísimo centro de votación.  

 
Juan
Infante

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