Solo dos de cada cien familias peruanas percibe ingresos por más de 3 mil soles al mes. Asumamos que cada una está conformada por cuatro personas. Si somos 30 millones, entonces podemos decir que en el Perú existen 7.5 millones de familias. De ellas, solo 37,500 logran tener un ingreso medianamente solvente.
Mirémoslo de esta manera: 150 mil peruanos conforman esas familias y repito, somos 30 millones. Todos los que familiarmente ganamos más de 3 mil soles cabemos en uno de los más pequeños distritos de Lima.
Esta es la realidad. Somos un país con grandes riquezas en su subsuelo, contamos con gran legado histórico y cocinamos rico, pero somos aún muy pobres.
Supongo que piensas como yo: hay que salir de esta situación de la manera más rápida posible. Y que si evaluamos lo actuado, podemos concluir que nuestros esfuerzos no van a la velocidad suficiente.
Para los empresarios que actuamos en el mercado interno éste debería ser el principal problema a resolver. Con familias con tan baja capacidad adquisitiva es muy difícil tener un pujante sector empresarial dedicado al mercado interno. En el mercado, sin compradores no hay nada.
Si este es un tema de interés empresarial, ¿por qué no se oye a los empresarios hablando de estas cosas? Pues porque la dirigencia de los gremios empresariales está copada por los únicos que ganan bien con este modelito. Han hecho de su beneficio un discurso hegemónico. Y hemos caído redonditos.
Este podría ser un gran reto que nos debe una como sociedad: que en cinco años 20% de las familias peruanas estarán ganando más de 3 mil soles (hoy es el 2%) y 50% más de mil soles (hoy es el 14%).
El modelo económico cuya base, hasta ahora, es básicamente que desarrollen las empresas exportadoras (básicamente extractivas o con bajo valor agregado) no sirve para cumplir con este objetivo nacional. Menos si no genera empleo masivo bien pagado. Con los services y las prerrogativas laborales a favor de ellas, esas empresas contribuyen muy poco a atacar la base del problema. Generan divisas pero no generan mejores ingresos en la población.
Y el asunto es más grave cuando el Estado, responsable según la Constitución de garantizar salud, educación y seguridad, lo hace tan mal. Un pueblo es mucho más pobre cuando los servicios que por ley debe brindar el Estado son tan malos que se tienen que comprar a los privados. Así, muchos compramos salud, educación y seguridad en el mercado privado aún cuando nuestra economía es demasiado estrecha. Si hubiera buenos sueldos, vale, pero con los ingresos que tiene la familia peruana, ¿podemos descuidar de esta manera los servicios públicos? Con servicios públicos pésimos generamos más gastos a las familias, por lo cual somos aún más pobres de lo que dicen las cifras.
Veinte años después de la implantación del modelo basado en atraer la gran inversión extranjera extractiva para contar con divisas, es hora, pues, que cambiemos de motor de desarrollo. Hay que pensar ahora en el desarrollo y fortalecimiento de las empresas que generan dinamismo en el mercado interno.
Juan
Infante