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Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 04-06-2011 | Juan Infante

EL PÉNDULO

En los países de tradición democrática, lo normal es que sus sociedades fluctúen políticamente como en un péndulo: dos períodos de gobierno para las propuestas que basan sus ejes de acción en políticas a favor de las necesidades de las personas y la economía de las familias y dos períodos para las empresas (las personas jurídicas).

 

Esto ocurre, salvo que los elegidos sean muy malos gobernando, comunicando o que hayan recibido un país en una crisis muy grande y, por muy profunda, no hayan podido salir de ella. De ser así, el movimiento del péndulo se acorta y los períodos son más breves. Igual ocurre a la inversa, un magnífico gobierno puede llevar al líder político (si es que la Constitución del país lo permite) o a su partido a gobernar durante tres períodos consecutivos. Son pocos los casos, pero los hay.

 

En países con institucionalidad democrática débil, la lógica del péndulo no se cumple. Lo vemos en el Perú: la gran empresa se las ingenia para seguir en el poder a pesar de las decisiones populares.

 

Las dos últimas elecciones el país eligió a políticos con propuestas de centro izquierda, el pueblo quería cambios a su favor. Sin embargo, traicionando a sus electores, tanto Toledo como García – mucho más el segundo que el primero - gobernaron más pensando en el gran capital.

 

Llevamos, pues, más de dos décadas sin que el péndulo funcione. Más de dos décadas donde los gobiernos han pensado más en cómo responder a los requerimientos del gran capital (las únicas personas jurídicas que tienen claro cuáles son sus intereses) y no las necesidades de la población.

 

Seguramente esto tiene que ver con el desastre del primer gobierno de García. La hecatombe económica en la que nos dejó a fines de su primer gobierno movió el péndulo de manera radical hacia la reconstitución de los fundamentos económicos que permiten que una nación progrese. Nos hemos concentrado en los cimientos y eso estuvo bueno. La pregunta es: ¿No es hora ya de comenzar a construir de manera más acelerada los pisos siguientes?

 

Pocos grupos sociales ceden sus privilegios a favor de los otros. Difícil es pues esperar que la gran empresa renuncie a que “la política” la tenga en el punto número uno de su agenda. Por eso existe la democracia. El cambio de equipos de gobierno debería llevar a un cambio en el orden de las prioridades sin producir pataleos ni caos económico o social.

 

Sin embargo, en la democracia mercantil – populista en la que andamos, son muchas las cosas que se deciden por lo bajo sin respetar aquello por lo que la mayoría de los ciudadanos votó. La gran empresa infiltra a su gente en los ministerios, el congreso y la prensa y concede regalos y dádivas para el pueblo. No hay contrapeso, hay más bien enorme desbalance de poder.

 

Si la democracia es un péndulo, mañana domingo ganará Humala. Ya Lima, y buena parte del país, se ha movido así en las municipales y regionales. Que gane, por supuesto, no garantiza un buen gobierno ni que le sea fiel a sus votantes. Es tan solo una oportunidad para que el país no esté tan desbalanceado.

 
Juan
Infante

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