Columnistas | 11-06-2011 | Juan Infante
¿Habrá por fin una política poderosa para promover a la pequeña empresa a nivel nacional? Ojalá, porque el país ganaría mucho: más actores sólidos en el mercado, consolidación económica en los barrios, formalización, mejores empleos, mejores servicios, comercios y productos para la gente, menor pobreza, mejor distribución de ingresos, menor necesidad de programas sociales.
Para que esto ocurra debe existir mercado interno. Las pequeñas empresas debemos tener clientes a quienes venderles. Las familias deben poder comprar. El eje de una política de promoción a la pequeña empresa pasa por una política económica que tenga como objetivo central la mejora de los ingresos familiares.
La economía del Perú ha mejorado notablemente, pero no lo ha hecho la economía de las familias. Aunque ganen más, las familias hoy necesitan más que antes. Hay nuevos servicios básicos y productos colaterales a esos servicios en su canasta de consumo (telefonía celular, internet, educación y salud en proveedores privados). Muchas familias están endeudadas. A pesar de la mejora, la sensación sigue siendo de angustia y el presupuesto escaso.
Como contraparte, las empresas motor del crecimiento económico han contado con años de salarios baratos y políticas promotoras de su desarrollo. Creció la actividad extractiva y crecieron las exportaciones. Las cosas han sido relativamente fáciles para quienes contaban con grandes capitales o podían acceder a él. Bien por ellos. Necesitamos continuidad de esas políticas, pero no exclusividad; necesitamos continuidad, pero debe haber una nueva prioridad: necesitamos mejores ingresos familiares.
Los intereses de la pequeña empresa no son los mismos que los de la gran empresa exportadora. A nosotros nos viene muy bien que se suba el sueldo mínimo y los salarios en general, para nosotros es positivo eliminar o replantear el tema de las services. Para nosotros es tremendamente positivo que las madres amas de casa tengan oportunidad de ingresar o reingresar al mercado laboral o sumarse a hacer empresa en el barrio. Para nosotros es positivo que el Estado dé mejor educación y servicios de salud y garantice la seguridad en las calles.
Pero además necesitamos acceder a capitales. Financieramente, tenemos uno de los costos del dinero más altos del mercado latinoamericano.
Primero: el crédito para capital de trabajo es extremadamente caro, y la rentabilidad de las áreas de microfinanzas de la banca, inmensa. La inequidad en el costo del dinero es brutal y nos coloca, de plano, a los pequeños empresarios, en la incompetencia.
Segundo, el tratamiento financiero a la persona jurídica para compra de bienes de capital es muchísimo peor que el que se le da a la persona natural.
Tercero: miles de empresarios talentosos necesitan capitales frescos para poder crecer: tienen experiencia y claras posibilidades de crecimiento, pero no acceden a capitales que les permitirían dar el salto. Necesitamos un mercado de capitales para cubrir necesidades de inversión de entre cien mil y un millón de dólares. Una meta interesante sería que 10 mil empresas en el próximo quinquenio puedan acceder a un programa de estas características. Hay sistemas en el mundo que podemos replicar.
Continuaré el próximo sábado.
Juan
Infante