Iba a escribir sobre Gamarra hoy, pero es el día de los campesinos y he de hablar de ellos y también de nosotros los limeñitos.
Estoy en una cabina de internet en Huamanga. He revisado las secciones de opinión de los principales periódicos y no he encontrado un solo artículo referido al pequeño empresario agrícola y es probable que a lo largo de todo el día ni un solo medio de comunicación radial o televisivo le dedique un reportaje.
Desde hace años me pregunto por qué el campesino ha desaparecido del imaginario social de Lima. ¿Por qué a los limeños nos cuesta tanto mirar al interior? ¿Qué nos ha hecho el campesino para merecer nuestro desprecio?
Quizás hay un sector de la sociedad, los despojados por la reforma agraria de Velasco, que no pueden ni pronunciar la palabra campesino. Es difícil para un despojado perdonar, pero, ¿el dolor de esas personas manda sobre toda la sociedad limeña? Algo, pero debe haber otros factores.
No hay más intelectuales agraristas, no hay más doctrina de desarrollo rural pensada desde el pequeño propietario rural. Hoy solo tienen poder social en el Perú agrario los agro exportadores y los mineros. Ellos tienen sus consultores y sus consultoras. Individuos y empresas contratados que les han armado una doctrina desarrollo que no sirve para todo el desarrollo agrario nacional, pero que, lamentablemente, pretenden convertir en la única verdad.
Todo este viaje he pensado en la palabra inclusión. ¿Cómo vamos a hacer para incluir a los campesinos en el desarrollo de nuestra nación si son invisibles para los formadores de opinión pública?
¿Cómo vamos a hacer si las únicas noticias del mundo rural andino tienen que ver con los conflictos con las mineras, con un momento máximo en la escalada de conflicto de alguna reivindicación mal procesada por el Estado o con la erradicación de la hoja de coca o el narcoterrorismo?
Vean sino hoy viernes (ayer) las noticias ligadas al mundo andino: es el día del campesino, pero todas tienen que ver con el conflicto por la universidad en Huancavelica, el conflicto por el “no a la minería de Puno” y el desborde en el cultivo de la hoja de coca. Hace años que es lo mismo. Y el mundo rural andino es muchísimo, pero muchísimo más que ello.
Dice la Real Academia de la Lengua Española sobre la palabra “Incluir”: Poner algo dentro de otra cosa o dentro de sus límites. Sospecho que Ollanta Humala se equivocó de palabra. No es posible incluir al 95% de peruanos en el mundo del 5% para los cuales han sido construidos los instrumentos de desarrollo a los que se ha dado en llamar “el modelo”.
Los campesinos necesitan sus propios instrumentos de desarrollo y sus políticas de promoción, nada de esto se ha pensado en los últimos años. Haría bien el nuevo gobierno en poner dinero sobre la mesa de las universidades y centros de investigación para generar una nueva doctrina de desarrollo rural. Haríamos bien todos los limeños en escuchar la voz de los campesinos. Es el colmo nuestro racismo, nuestro total desinterés por nuestros hermanos. El campesinado también necesita una política de promoción de su economía y, por supuesto, un abrazo ¡Feliz día, hermano campesino!
Juan
Infante