Veinte semanas al año recorro la costa del país enseñando a empleados y obreros de algunas compañías a manejar mejor su economía. Estas empresas tenían un problema: los empleados estaban sobre endeudados, existía una presión en el área de recursos humanos por pedidos constantes de adelantos, se comenzaba a originar malestar laboral, y cada vez más se reportaba crisis y angustia en las familias.
Me toca a mí la tarea de explicarles a los trabajadores sus errores en el manejo de su economía y cómo pueden salir de este escenario complicado. El programa consiste primero en ordenar la casa y luego pensar quién en el hogar y de qué manera puede generar más ingresos.
En la economía de un trabajador dependiente el dinero no puede inventarse, uno recibe lo que ha pactado con su empleador como sueldo y punto; quizás exista la posibilidad de algún cachuelo extra, pero no hay mucha posibilidad de hacer cachuelos luego del trabajo o los fines de semana si uno tiene familia. Hay que recuperar al ama de casa para el mundo laboral o integrarla al mundo empresarial.
El problema es grave y generalizado. Lo vivimos todos los que tenemos alguna persona contratada. Los sueldos no crecen como crecen las necesidades de consumo.
Las dimensiones del problema han sido reseñadas en un artículo de Omar Enrique en el diario Gestión aparecido el martes pasado: más de 5.5 millones de peruanos tienen deudas por créditos de consumo y estas son, en promedio, 4,150 soles.
A una tasa anual de 40%, las personas endeudadas están pagando un aproximado de 425 soles mensuales, si el crédito es a doce meses.
Los peruanos nos hemos acostumbrado a consumir con el crédito más caro de todos. El aprendizaje que ha tenido el Estado luego del calamitoso primer gobierno de Alan García no se ha trasladado a los ciudadanos.
Si el Estado aprendió a ahorrar, los ciudadanos aparentemente hemos aprendido poco. Queremos consumir y no nos importa usar “billete inorgánico”, usamos las tarjetas como una extensión de nuestros sueldos hasta que nos metemos en problemas.
Los ingresos en el Perú son muy bajos. La mayoría de peruanos gana entre 800 y 1500 soles por mes. Tener que pagar cuotas de 425 soles los deja bien ajustados para su consumo cotidiano. Por eso, las empresas no aumentamos nuestras ventas, los clientes simplemente no pueden comprar más. Sus sueldos ya están comprometidos.
Poca gente ahorra en el Perú, casi nadie hace su presupuesto personal y familia; contados con las manos son los que saben cuánto necesitan para vivir hoy y cuánto necesitarán cuando comiencen a tener hijos o comprarse cosas como un carro o una casa.
Los peruanos no tenemos una cultura de manejo de su economía personal y familiar. Tenemos más bien una cultura de consumo irresponsable. Sería bueno cambiar esto. No es tan difícil. Hace bien a los empleados y también a los empleadores. Le hace bien al mercado. Quizás sufra el negocio financiero a corto plazo, pero harán negocios más seguros en el largo plazo.
Juan
Infante