Martes 18 de Junio del 2013

Columnistas | 01-03-2013 | Francesca Emanuele

EL RECHAZO A LA AUSTERIDAD

El rechazo a la austeridad en las elecciones pasadas en Italia hizo a los mercados temblar. La tembladera les sigue hasta la fecha, si bien van estabilizándose. No obstante, la debilidad económica de Europa continúa y afecta a todo el planeta, incluyendo a nosotros en Perú. El crecimiento económico mundial se ralentizó considerablemente durante los años 2011 y 2012, y el miedo a otra crisis en Europa continúa frenando el crecimiento, haciendo incrementarse el desempleo y la pobreza alrededor del mundo.

 

Así funciona la economía capitalista, los mercados se agitan y quienes sufren son la clase trabajadora. El crecimiento económico se ralentiza y lo que se dispara es el porcentaje de pobreza. Ante cualquier eventualidad, hay que tener muy claro que quienes sufren son los de abajo.

 

Mucha gente piensa que los países de la eurozona que se encuentran en “dificultades” –especialmente los llamados GIPSI: Grecia, Italia, Portugal, Spain, Irlanda– están padeciendo debido a un problema de deuda. Lo que nos dicen es que estos países gastaron mucho, que vivieron por encima de sus posibilidades. Por tanto, tienen que ajustarse los cinturones, practicar recortes en sus presupuestos estatales, aunque todo esto sea doloroso. Aún así, la reducción del déficit impuesta por la troika (Comisión Europea, Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo) ha empeorado los problemas de deuda de estos países, pues los recortes han frenado las economías y, por tanto, han caído los ingresos fiscales. No solo eso, las medidas de austeridad y el incremento de impuestos regresivos como el IGV (el denominado Impuesto al Valor Añadido) han empujado a Europa hacia su segunda recesión en tres años, llegando a récords de desempleo no solo en el promedio de los 27 países de la Unión Europea, sino abrazando países como España y Grecia, que presentan unas tasas de paro superiores al 26%.

 

Pero si analizamos los hechos, la historia que nos han contado no se sostiene. Los países a los que se flagela, los más afectados por la crisis, tienen déficits presupuestarios y problemas de deuda que aparecen claramente a partir del colapso de 2008-2009. Además, los problemas de deuda recaen principalmente y en algunos casos casi exclusivamente en el sector privado, y no en el sector público. Irlanda y España tenían superávits presupuestarios antes de la crisis, y Portugal e Italia no presentaban un problema significativo de deuda. Incluso Grecia, que sí tenía déficits significativos, podría haberse estabilizado de una manera relativamente fácil tres años atrás, si no hubiera sido por las políticas de austeridad que han destruido su economía y han ampliado terriblemente el peso de su deuda.

 

Todo este dolor –que ya es una letanía– es innecesario. Los votantes de los distintos países lo han entendido y al menos una decena de gobiernos han sido echados del poder debido a las políticas de austeridad implantadas. Italia fue solo el último de estos países. El partido de Monti, el “tecnócrata” que estuvo gobernando en Italia, obtuvo solo el 10% del total de los votos en las elecciones.

 

Se señaló a los Estados como derrochadores, se dijo que gastaban el dinero indiscriminadamente para aplicar políticas públicas de redistribución de las riquezas, políticas que beneficiaban a las clases trabajadoras, pero que no podían permitirse.

 

Las clases trabajadoras ahora son las señaladas como las receptoras del “derroche”, las que llevaron a los países a la crisis, a los problemas de deuda. Como he explicado anteriormente, esto no ha sido así. Sin embargo, con esta cantinela se han justificado los recortes aplicados. Se asume como cierto este falso discurso, y así se castiga a la semilla de todos los males: la clase trabajadora. Este mismo amplio contingente es el que se venga ahora en las urnas, es el que despierta, el que sabe que los recortes no dinamizan la economía, sino que es todo lo contrario. Esta gente ha oído además que antes de ayer se celebraron los 60 años del Acuerdo de Londres, por el que alrededor de 57 países (entre ellos Grecia y España) decidieron condonar un 62% de la deuda a la República Federal Alemana. Esta quita de la deuda fue crucial para el llamado “milagro alemán”, el despunte de la economía alemana y su posicionamiento como potencia mundial.

 

La clase trabajadora ve como una de las alternativas una condonación de la deuda que ha crecido en estos años de ajustes. Un proceso que fue vivido por Alemania hace no tantos años. Sería genial, pues Alemania podría retornar lo recibido, ya que es el principal prestamista o acreedor de varios de los países que están en dificultades en la zona euro.

 

No obstante, parece que Alemania olvida las ayudas de antaño (y la importancia de la supervivencia de los ciudadanos de sus países vecinos), pues es este país uno de los que empuja y lidera los discursos de la austeridad.

 
Francesca
Emanuele

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