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Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 26-02-2012 | Eduardo Dargent

Fujimorismo

Steve Levitsky y Carlos Meléndez debaten sobre el Fujimorismo. Exagero. En realidad tienen más acuerdos que diferencias. Para ambos el Fujimorismo tiene mejores condiciones que otros grupos políticos para convertirse en un partido duradero, pero concluyen que todavía es muy pronto para saber si lo logrará. En lo que sí discrepan es en la posibilidad de un Fujimorismo democrático.

 

Levitsky trata el tema del Fujimorismo en dos artículos publicados en La República. En el primero explica por qué la democracia en América Latina es más sólida en países donde los partidos de derecha democráticos son competitivos. Señala que, a diferencia de la derecha tradicional, el Fujimorismo tiene mejores condiciones para ser un partido popular. Si se modera y adopta valores democráticos podría ser el partido de derecha democrático que le falta al Perú. En el segundo artículo, Levitsky explica por qué considera que el Fujimorismo tiene mejores materias primas para convertirse en un partido político duradero.

 

Meléndez responde desde El Comercio. No cree que el Fujimorismo pueda ser democrático, cuando menos no en el mediano plazo, por dos razones. La primera se enfoca en la historia y características del partido. Su momento fundacional es un golpe de Estado y por diez años gobernó en forma abusiva. Estas características son todavía motivo de orgullo para parte de su liderazgo, que minimiza o justifica sus crímenes. Es muy difícil, por tanto, que ese Fujimorismo se modere o logre coaliciones con otros sectores de la derecha democrática. La segunda razón que ofrece Meléndez para dudar de una moderación fujimorista es que el votante naranja es poco democrático. Si lo entiendo, el Fujimorismo estaría anclado a sus votantes autoritarios.

 

Creo que Levitsky puede responder a la segunda razón de Meléndez con facilidad: los votantes del Fujimorismo no lo abandonarán si se mueve un poco hacia el centro. Tiene bastante espacio político para hacerlo. A Levitsky le faltó señalar la razón por la que al Fujimorismo la interesaría moderarse: ganar elecciones. Un par de pasos hacia el centro le permitirían atraer nuevos votantes y ser más competitivo, como hicieron otros partidos de pasado autoritario.

 

La primera razón de Meléndez, sin embargo, sí me parece muy poderosa. Veo difícil que el liderazgo del partido se modere, aunque le convenga hacerlo. En buena cuenta por su historia y estilo, pero también porque creo que las derrotas electorales son fundamentales para aprender del costo del extremismo. Y sospecho que el Fujimorismo no ve la elección del 2011 como una derrota. Con una plancha de halcones logró llegar a segunda vuelta y allí, con pocos gestos de arrepentimiento, casi gana la elección.

 

En realidad, si los Fujimoristas hicieran una autocrítica seria, reconocerían que la elección mostró muchas de sus debilidades. Su intención de voto en primera vuelta nunca creció. Llegaron a segunda vuelta, en parte, por la fragmentación de sus rivales antes que por una campaña exitosa. En segunda vuelta los benefició el miedo económico. Y, finalmente, el sur peruano les dio la espalda, demostrando que su supuesta llegada a este sector por la pacificación o el clientelismo de los noventa era más limitada de lo que pensaron. Sin duda fuertes, pero menos de lo que creían, y con agendas y temas que van perdiendo relevancia electoral.

 

Mi lectura es que esta elección refuerza su estilo poco democrático. Evidencia de esta terquedad autoritaria, creo, es ver al Fujimorismo agresivo de siempre dando la cara en los medios y en el Congreso. En el mediano plazo, entonces, veo improbable un fujimorismo moderado, sea por convicción o por conveniencia. En unos años veremos qué queda de toda esta especulación.

 
Eduardo
Dargent

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