¿Qué lecciones le deja la elección al Fujimorismo? La primera, es que ha logrado lo que pocos partidos consiguen en el país: trascender a su líder. Los genes les han permitido romper la maldición personalista que afecta a nuestros grupos políticos. El Fujimorismo sale de la elección con la seguridad de contar con una candidata competitiva para el 2016, capaz de atraer votos en diversas regiones y a través de clases sociales.
Este liderazgo resulta crucial en tiempos no electorales. El capital político de Keiko le permitirá mantener unida a su numerosa bancada. Los que la integran saben que sus carreras políticas tienen futuro dentro del partido, reforzando la disciplina.
La segunda lección es que no son tan populares como creyeron. Mi impresión es que una real politica mal entendida les hizo creer que un fujimorismo duro, sin concesiones, era muy popular. Si bien tuvieron un importante 24% de voto en primera vuelta, en la segunda la corrupción de los noventa y su sector de derecha más primitivo les pasó la factura. Antes de la elección, además, se pensaba que el recuerdo de los noventa les permitiría pelear el Sur. En segunda vuelta fueron arrasados en esta zona.
La tercera lección es que su relación con la empresa privada es una posibilidad y un problema. Por un lado el Fujimorismo ofrece la continuidad del modelo económico, lo cual lo hace una opción atractiva para las clases altas, cuando menos en segunda vuelta. Y sin duda serán la bancada de los intereses empresariales, lo cual garantiza buenos fondos de campaña en el 2016. Si logran consolidarse podrían poner en offside a esa derecha que solo gana elecciones en Lima y Arequipa (ciudad).
Pero el Fujimorismo sabe bien que no pueden convertirse en el PPC o Unidad Nacional. Tienen una cara popular que cuidar. Ese sector popular seguro vería con malos ojos que se conviertan en el partido de Lima y los poderosos. Su futuro pasa por venderse como grupo atractivo para los de arriba y los de abajo, un balance muy complicado.
La lección para el resto es que hay Fujimorismo para rato. La transición no lo exorcizó y no desaparecerá haciendo memoria, pues el recuerdo de los noventa no es malo para muchos ciudadanos. El desafío para los demócratas es mantener la crítica a un grupo con un lado muy oscuro, pero aceptando que son la opción de un sector importante de la población. Saludar la moderación, pero marcar al centímetro al partido de quienes mataron menos.
Eduardo
Dargent