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Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 07-11-2010 | Eduardo Dargent

PREDICCIONES

 

Desde inicios de año se preveía la derrota demócrata en Estados Unidos. En Brasil hace meses sabíamos que Rousseff y Serra eran los favoritos. En el Perú, por el contrario, la predicción política es tarea esotérica. Hay favoritos, pero no se descarta a nadie. Yo descarté a Susana Villarán en Lima (muy pituca para D/E; muy a la izquierda para A/B) y ya ven. La tacha a Kouri salva en algo el papelón.

 

¿Por qué es tan complicado “leer” la elección? Porque con partidos e identidades políticas débiles la cancha está muy abierta y es muy difícil saber cómo se moverán las preferencias. No tenemos partidos, tenemos candidatos sin programas que, además, intentan decir lo menos posible para no abrirse flancos. Los electores tenemos que poner orden en tanto desorden.

 

Primero hay dispersión. Varios candidatos entre favoritos y “promesas”. La campaña y sus temas van marcando a los indecisos y desinformados. Hacia diciembre comienzan a rodar cabezas y nos quedamos con unos cuatro jugadores. Desde enero los votos se mueven con los ojos puestos en segunda vuelta y probablemente en febrero queden tres, dos de ellos peleando por ser “la mejor opción” contra el entonces favorito. En segunda vuelta se reconsideran hasta los odios más profundos: nunca digas nunca.

 

Pero el 2011 será incluso más desordenado. En el 2001 y el 2006 la elección parecía tener cierto orden “ideológico” (resalto las comillas) que hacía más previsible el movimiento de votos y los resultados en segunda vuelta. En el 2001 Toledo al centro, Lourdes a la derecha y Alan jugando a la centro-izquierda (aunque el sur no entra en este esquema). En el 2006 Humala era claro ganador en marzo, por lo que García trepó al segundo lugar concentrando el voto de centro, acaso también votos fugando de Lourdes.

 

Esta vez el fujimorismo corta como cuña la elección. A Keiko no le va mal entre los A y muy bien entre los E. Fuerte tanto en zonas de crecimiento económico como en zonas rurales pobres. Por ello, es mucho más difícil prever hacia dónde se irán los votos de aquellos candidatos que vayan quedando en el camino. ¿Cómo votará un fujimorista si su candidata no pasa a segunda vuelta? Probablemente dependa de su clase social. Si Humala pierde fuerza, ¿dónde irán sus votos? Un votante norteño que abandona a Castañeda,  ¿se convierte en toledista o en fujimorista? Por ahora son más las preguntas que las certezas.

 
Eduardo
Dargent

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