El trágico suceso a través del cual murió un fotógrafo del semanario Hildebrandt en sus Trece, Ivo Dutra, desnuda el mayor problema del transporte en Lima: el modelo comisionista afiliador que existe por el marco legal creado y aplicado en los pasados ocho años. Muchas normas y poca capacidad en el Concejo de Lima para hacerlas cumplir permitieron la existencia de un sistema en el que, en la práctica, el 80% de las unidades no son propiedad de las empresas titulares de las rutas.
Para muchas empresas el negocio es por tanto “alquilar la ruta” a terceros que, a su vez, alquilan el vehículo a un conductor, que tiene que trabajar 14 horas y a veces dormir en el vehículo para cumplir sus obligaciones con los propietarios o con las empresas.
Este sistema genera que los trabajadores, en su gran mayoría, no tengan un sentido de pertenencia y se sientan los dueños de las rutas. La consecuencia del manejo histórico del transporte en Lima es una enorme fragmentación empresarial y una atomización de las decisiones en miles de conductores entre Lima y Callao.
Lima no puede seguir teniendo 425 empresas. Necesitamos caminar hacia un proceso de organización y articulación de las empresas actuales y de una adecuada integración de las empresas con los propietarios o de los propietarios entre ellos. Necesitamos pasar de muchas empresas a un número razonable de consorcios organizados con caja única, boletaje integral, trabajadores en planilla, respeto a los paraderos y gerencia de las frecuencias.
El gran cambio en el sistema de transportes es dejar de tener empresas débiles y autoridades con baja institucionalidad, a un esquema en el que trabajemos con empresas fuertes y unidades de gestión eficaces. Se requiere, por tanto, emprender en simultáneo varias reformas y concertarlas con los protagonistas. Los Metropolitanos, los corredores complementarios y la adecuación de las empresas son los temas que ha puesto la Municipalidad sobre el tapete para lograr el cambio del sistema.
Es saludable que estos temas de fondo sean tratados en una mesa equilibrada en donde participan equitativamente, el Municipio, las empresas, los gremios, los trabajadores y los propietarios.
Una buena parte del futuro del transporte en Lima dependerá de la capacidad de todos los agentes de poner el interés general y el futuro de la ciudad por encima de los problemas de ejercicio actuales. Solo quedan 40 meses para reformar en lo sustantivo el transporte en Lima. Todos los actores tienen que internalizar la idea de que para salvar vidas, eliminar la congestión y acabar con la contaminación necesitamos un nuevo rumbo. Estamos a tiempo.
Gustavo
Guerra-GarcÃa