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Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 09-09-2011 | Gustavo Guerra-García

Ley de Consulta Previa

La aprobación de la Ley de Consulta Previa ha sido una gran satisfacción política para los pueblos de la Amazonía y extiende su manto de beneficios a las demás comunidades originarias del Perú. El gesto de promulgar dicha norma en Imazita, que es un importante centro poblado cercano a la Estación 6 de Petroperú -en donde ocurrieron las trágicas muertes de policías en el contexto del desalojo peor implementado de la historia del Perú-, es muy significativo para todos los aguarunas y huambisas que viven en el alto Marañón.

 

El presidente Ollanta Humala (hoy apu-presidente para los pueblos amazónicos) tiene ahora la oportunidad de consolidar una relación afectiva con la nación awajún a través de lograr un apoyo estructurado al desarrollo de la zona desde Bagua hasta el Puerto de Sarameriza. Por ello, no sólo será importante financiar la implementación de la Ley de Consulta Previa que se realizará a través del viceministerio de la Interculturalidad, sino que será vital movilizar bajo el liderazgo del Ministerio de la Inclusión a todas las unidades ejecutoras nacionales que desarrollan proyectos de escala rural, a concertar sus intervenciones con el Gobierno Regional y los gobiernos provinciales para formular e implementar los planes de desarrollo de las provincias relevantes.

 

Los líderes de las comunidades aguarunas y huambisas son desconfiados, pero no han perdido ninguna guerra. El imperio incaico no pudo pasar sus fronteras y en la colonia mantuvieron controlado su territorio, muchas veces a través de la fuerza cuando ello fue necesario. Sus códigos de honor y su concepto de derechos humanos son distintos a los del resto de culturas del país.

 

El Estado Nacional está en deuda con ellos, pues han sido muchas veces expoliados u olvidados, y se requiere un enorme esfuerzo por ganarse su confianza. El gesto del Presidente es un importante avance en la dirección correcta. Construir una propuesta concreta para esta zona podría ser un piloto sustantivo para el resto de áreas en donde predomina la población de los pueblos originarios amazónicos.

 

Hay que cambiar el paradigma de la selva como zona de explotación maderera, cocalera y petrolera, y pensar para ellos un enfoque de desarrollo de adentro hacia afuera. El ecoturismo, los bosques sostenibles, los productos orgánicos endémicos de la selva y los servicios ambientales deberían ser el eje de la estrategia. Si se acompaña una nueva estrategia competitiva para la Amazonía con intervenciones para construir ciudadanía, se puede dar un significativo paso hacia adelante. Definitivamente, soplan nuevos vientos en el Perú.

 
Gustavo
Guerra-García

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