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Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 16-09-2011 | Gustavo Guerra-García

Inminente crisis global: Una oportunidad para la descentralización

En la actual crisis global que está empezando a bajar el ritmo de las decisiones de nuevas inversiones y a causar un aumento de los inventarios de las empresas, existe una oportunidad para potenciar la capacidad de ejecución de los gobiernos subnacionales que totalizan dos tercios de la inversión pública.

 

La economía mundial se enfría y los expertos consideran que esta crisis puede durar esta vez más de 18 meses. La causa es, una vez más, el excesivo endeudamiento de varios países que son potencias económicas en el mundo y que contagian sus problemas al resto a través del comercio internacional. Esto significa que, previsiblemente, todos los Ministros de Economía y Finanzas del mundo se convertirán de nuevo al keynesianismo y utilizarán sus Fondos de Estabilización o equivalentes para aumentar la inversión privada de modo de compensar la reducción en el ritmo de crecimiento de la inversión pública.

 

Esto abre una oportunidad para trabajar en serio la profundización de la descentralización. Sería urgente que se reúnan los gerentes de los gobiernos regionales y de los 30 municipios que concentran el canon, para discutir y concordar medidas que faciliten los procesos de inversión. Las prioridades deberían girar alrededor de: i) las medidas para incorporar más y mejores expertos en tareas de formulación, evaluación y ejecución de proyectos (expedientes y obras); ii) las facilidades para financiar este año los expedientes de los proyectos que están en el presupuesto del próximo año; iii) verificar la predictibilidad del tamaño del presupuesto de inversión del 2012 (de modo de reducir la incertidumbre); iv) colaborar con orientación para agregar los procesos de preinversión e inversión; v) brindar asistencia técnica para empaquetar estudios de preinversión y expedientes; vi) limpiar los cuellos de botella absurdos de los sistemas presupuestales y del régimen laboral para que las entidades públicas se adecúen al nuevo tamaño de la inversión pública; y –sobre todo- vii) evitar cambiar las reglas del sistema de adquisiciones y contrataciones.

 

Durante la crisis financiera anterior, el MEF, después de reconocer que se equivocó en la modulación, escuchó a los funcionarios de los gobiernos descentralizados y así facilitó decisiones en función de las necesidades concretas de ejercicio. Por ello, los gobiernos regionales y locales ejecutaron con una efectividad que no tuvieron ni antes ni después. Sorprendentemente, después de todo lo aprendido, el MEF emitió un decreto absurdo que cortó los procesos de consultoría, que son siempre el paso previo a la ejecución, y trabó la ejecución de los tres niveles de gobierno.

 

Esperemos que la madurez de la tercera generación de presidentes regionales y la nueva óptica de un MEF renovado en un gobierno inclusivo, permitan que se aproveche una gran oportunidad para profundizar la descentralización.

 
Gustavo
Guerra-García

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