Históricamente la ciudad de Lima se ha organizado para el transporte privado. En Lima, una minoría (menos del 20% de los limeños) viaja en auto privado, taxi o mototaxi, el 80% restante viaja en transporte público a través de buses y microbuses. La minoría más pudiente se ha beneficiado de la inversión pública municipal en avenidas e intercambios viales sin pagar por esa infraestructura, el transporte público solo ha empeorado y en los últimos 12 años se hizo muy poco por este sistema que cada vez es más lento. La ciudad, como ocurre en la avenida Javier Prado, le ha dejado las vías principales a los autos y ha desplazado al transporte público al camino de servicio. Si quieres ir lento toma un bus.
En Lima hay más espacio en las vías para las minorías que para las mayorías. Por todo esto es muy importante que la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML), por primera vez, tenga un plan de trabajo que priorice el transporte público de las mayorías. Y el equipo de la Gerencia de Transporte Urbano (GTU) de la MML se jugó su prestigio enfrentando la avenida más difícil de la ciudad en la época más complicada del año, y por donde se mueven alrededor del 40% de las rutas de la ciudad. ¿Y cuál fue el eje de la solución? Que ya es visible hasta para los peores detractores de la alcaldesa de Lima: darle al transporte público dos carriles exclusivos y dos al transporte privado. Adicionalmente la GTU estableció tiempos máximos de paraderos, limitaciones para los giros a la derecha, eliminación de los llamadores y definición de los paraderos según tipología.
El diario El Comercio, siempre crítico de la alcaldesa, ha tenido que reconocer que el transporte público ahora se desplaza en 8 minutos por el kilómetro y medio de la avenida Abancay cuando antes el recorrido duraba media hora. La encuesta de IPSOS Apoyo indica que el 78% de los limeños aprueban el reordenamiento de la Abancay. Esto ha sido posible por el esfuerzo hecho por la MML por contar con más inspectores. El exalcalde Castañeda dejó menos de 40 inspectores móviles y Lima requiere más de 2000 para controlar sus principales arterias.
Actualmente, la MML ha entrenado a cerca de 400 inspectores. Lima tiene más capacidad para poner orden en lugares importantes. En la avenida Abancay los inspectores son los encargados de evitar que los taxis y los autos se detengan en un crucero peatonal, que se detengan dentro de una intersección, que toquen la bocina innecesariamente y que circulen emitiendo gases contaminantes. Si la MML pudo con la avenida Abancay en Navidad, estoy seguro que podrá con el resto de la ciudad. Soplan mejores vientos en Lima.
Gustavo
Guerra-GarcÃa