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Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 10-02-2012 | Gustavo Guerra-García

Unidad de la Izquierda

En Latinoamérica hace ya tiempo que el péndulo posterior a la onda neoliberal se movió hacia la izquierda. En el Perú el proceso demoró como consecuencia de la extrema fragmentación de los partidos comunistas y socialistas y por la menor velocidad en la evolución ideológica de algunos grupos y partidos. En la década de los 80 fue esperanzador el proceso de Izquierda Unida. En el año 83 la izquierda logró una gran victoria en Lima con Alfonso Barrantes. En 1989, cuando llegó a su máximo nivel de organización y acumulación, se dividió por diferencias ideológicas sustantivas respecto de la visión del Estado y la democracia. Dos proyectos, el democrático y el revolucionario, se enfrentaron y fracturaron el proceso. Como consecuencia, la izquierda quedó relegada a su mínima expresión. Desde 1983 tuvieron que pasar 27 años para que la izquierda ganara el gobierno metropolitano de Lima, esta vez con Susana Villarán. En ambos casos hubo un factor común: una sola candidatura de izquierda que generó la unidad en el campo partidario y que permitió la unidad en el campo social. En las elecciones presidenciales del 2012, la izquierda estuvo nuevamente dividida. Un sector se integró a Gana Perú (Partido Socialista y Partido Comunista del Perú), otro presentó candidatura propia (Fuerza Social) y dos grupos más se abstuvieron de participar (Tierra y Libertad y Movimiento Nueva Izquierda). El resultado fue desastroso para Fuerza Social, y el bloque que se integró a Gana Perú no termina de ubicarse dentro del Gobierno y las tensiones son evidentes. ¿Hay un futuro común para la izquierda? En mi opinión, sí. En Brasil, Paraguay, Uruguay y Chile, coaliciones de izquierda y centro izquierda lograron convertirse en alternativas electoralmente viables y con capacidad de gobierno, sobre la base de procesos de unidad de largo plazo. En Perú hay cada vez mejores condiciones, pero se requiere discutir a fondo el programa, dejar en el pasado los sentimentalismos de ciertos símbolos históricos comunistas y apostar por la democracia interna de forma decidida. La izquierda tiene que ser muy fuete en los temas programáticos de inclusión, en los temas de derechos humanos y en las libertades individuales. La defensa del Gobierno de Fuerza Social, de los gobiernos regionales y locales de orientación progresista y de la descentralización -que parece estar amenazada por determinadas visiones e intereses- tendrá que ser parte de la agenda sustantiva. La unidad de la izquierda es posible, pero requiere trabajo anticipado, sentido democrático, capacidad de desprendimiento y renovación de los liderazgos. Sí se puede.

 
Gustavo
Guerra-García

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