Algunos candidatos han ofrecido dos millones de empleos como promesa electoral. La promesa parece cumplible pues si el PBI crece 6% el empleo crece históricamente 3%. Sobre la base de 15 millones de trabajadores, eso significa 450,000 trabajadores nuevos cada año y, por tanto, en cinco años totalizaremos 2.2 millones de empleos como mínimo.
Pero analicemos en que trabajan estos 15 millones de peruanos. Cinco millones trabajan para el sector privado empresarial, la mitad formalmente y la mitad sin ningún derecho. Un millón cien mil trabajan para el Estado. Alrededor de 800,000 trabajan como empleados o empleadas del hogar y 7 millones son independientes que trabajan solos o con sus familiares. Solo 900,000 trabajadores laboran en empresas de más de 100 personas y reciben remuneraciones adecuadas y un mínimo de protección laboral.
Por lo tanto, ¿Qué importancia podría tener ofrecer empleos con las mismas características que los actuales? ¿Cómo reducimos la desigualdad y la pobreza con un crecimiento desigual y con bajos salarios para los trabajadores? Hoy en día el crecimiento del empleo y los ingresos están concentrados en 8 ciudades, los beneficios del desarrollo se distribuyen desigual e inequitativamente. Por tanto, es fundamental que en el Perú se supere la discusión del número de empleos y empiece la discusión de los empleos de calidad. Y eso significa superar el paradigma neoliberal consistente con tratar a todas las inversiones y actividades económicas por igual. Lo que el país necesita es una sana y efectiva política de industrialización que permita el desarrollo complementario de los sectores tecnológicos, comerciales y de servicios con objetivos de incorporación a través de empleos de calidad.
Manuel Rodríguez, candidato presidencial de Fuerza Social, es el único candidato que ha planteado superar la inercia en el crecimiento de los empleos e iniciar la transformación productiva con equidad. Modificar la constitución para lograr un tratamiento preferencial a la inversión nacional, y aumentar significativamente la inversión en ciencia y tecnología. Todo esto acompañado de políticas para destinar preferentemente la inversión pública a actividades intensivas en empleo como la reforestación, el mantenimiento de caminos rurales y el mejoramiento de los ingresos a través de la generalización de la estrategia de Sierra Emprendedora. Todos los países que han elevado el desarrollo humano de sus conciudadanos en plazos cortos, lo han hecho sobre la base de políticas industriales, de promoción del mercado interno y subsidios a la ciencia y la tecnología. Ninguno ha tenido éxito sobre la base de políticas industriales, de promoción del mercado interno y subsidios a la ciencia y la tecnología. Ninguno ha tenido éxito sobre la base de un modelo extractivista, y menos entreguista. Aún estamos a tiempo.
Gustavo
Guerra-GarcÃa