Leo con sorpresa hoy, las declaraciones del Presidente del Congreso, Daniel Abugattás, preguntado sobre la actividad empresarial del Estado y la reforma constitucional necesaria para darle vía libre. Abugattás señala que hoy es posible la creación de una fábrica estatal de chocolates, por ley, y luego dice: “lo que es inaceptable es que a un Estado soberano se le limiten las condiciones”.
Vamos por partes. Según, nada menos que el Presidente del Congreso, es inaceptable que la Constitución limite al Estado. Vamos, ¿habré entendido mal? ¿No era que, desde la Carta Magna en Inglaterra, la razón fundamental de una Constitución es limitar el poder? Las sociedades se han pasado los últimos quinientos años, y más, desarrollando límites, divisiones, pesos y contrapesos y toda clase de mecanismos para limitar el poder absoluto de sus monarcas, y luego de sus Jefes de Estado. Las constituciones nacen, en primer término, para limitar esos poderes y reservar en las sociedades los derechos que les son propios.
¿Cómo que no se puede limitar el poder del Estado para que no se dispare el dinero de los contribuyentes en los proyectos fantásticos del gobernante de turno? Eso es exactamente para lo que sirve la Constitución. Para defendernos, en la medida de lo posible, del mal gobierno del cual ninguna sociedad está libre. Límites de tiempo en el cargo y límites a las funciones públicas. Así, el daño se reduce. Eso no es más que la legítima defensa social frente a un Estado que suele ser tan tragón como ineficiente, haciendo lo que nadie más puede hacer por él: velar por la seguridad, administrar justicia, proveer de servicios de educación y salud a los que no tienen acceso a él. Si no es capaz de hacer ni siquiera eso, bien, ¿se imaginan de qué sabor van a ser esos chocolates?
Los artículos de la Constitución que los nacionalistas quieren cambiar, según Abugattás, son el 60 y el 66. Este último establece que los recursos naturales son de la Nación. Es decir, de la sociedad, o sea, de todos nosotros. ¿Y cuál es el problema, dirá usted? Bueno, que quieren que sean de propiedad del Estado. Parece lo mismo, pero no lo es. En términos sencillos, nos están robando. Así de simple. Es una confiscación encubierta, pero eso no se lo van a contar. Utilizarán palabras hermosas como soberanía, patria y libertad para justificarse, no lo dude. Siempre es así.
El artículo 60 permite al Estado desarrollar actividad empresarial subsidiariamente “por razón de alto interés público de manifiesta conveniencia nacional”. Así que, hoy, lamento informarle al congresista Abugattás que su fábrica de chocolates no podría aprobarse por ley sin violar la Constitución, salvo que exista una manifiesta conveniencia nacional en promover la obesidad infantil. ¿No creo, no? Felizmente, aún no tienen los votos en el Congreso para promover semejante mamarracho. Pero uno nunca sabe.
Hacer empresa implica riesgo. Se puede ganar y se puede perder. Varios ex empresarios, hoy congresistas, pueden dar fe de eso. Si uno gana, el Estado viene por su 30% del Impuesto a la Renta sin haber puesto nada. Si uno pierde, pierde solito. Cuando el Estado hace empresa y pierde (lo cual sucedió, sucede y sucederá), perdemos todos los peruanos. A usted, al que el Estado ya le saca el 18% de cada cosa que compra y hasta el 30% de cada cosa que gana, ¿le parece justo? ¿Para eso es su plata? ¿Para satisfacer aventuras comerciales? ¿Para ser la mamadera del partido de turno en el poder?
Como van las cosas, advierto que esos chocolates ni los pago ni los como. ¿Choco Perú, “tu chocolate de bandera”? Esa película ya la vi y el final es bien amargo.
Rosa Maria
Palacios