Raro es este día en que nuestra ciudad capital puede exhibir dos Declaraciones de Lima, tan diferentes en materia y tan similares en esencia.
De un lado, se reúnen 14 ex Presidentes de Latinoamérica a analizar el estado de la democracia en la región, luego de diez años de vigencia de la Carta Democrática. Del otro, 9 grandes cocineros del mundo lanzan un mensaje a los cocineros del mañana que parece más un manifiesto político, en el mejor sentido, que una receta de cocina.
La Declaración de Lima, ‘Por la vigencia y preservación de la democracia’, firmada hoy por los ex Presidentes reconoce que “la alteración del orden democrático no solo se produce cuando se afecta el legítimo ejercicio del Poder Ejecutivo sino cuando se afecta la independencia o el legítimo ejercicio de los poderes Legislativo o Judicial”. Reconociendo la “presencia generalizada de regímenes democráticos en la región”, plantea mecanismos de seguimiento y evaluación de la institucionalidad democrática y solicita a la OEA que adopte alguno de estos.
La Declaración de Lima, ‘Carta abierta a los cocineros del mañana’, firmada también hoy, reconoce que “la cocina constituye una poderosa herramienta de transformación y puede cambiar la alimentación del mundo gracias al trabajo conjunto de cocineros, productos y comensales”. Establece como mandatos a los cocineros la defensa de los frutos de la naturaleza, la contribución a la propia cultura, la generación de cadenas productivas con beneficio social, la generosidad en el aprendizaje y la promoción de los valores de todo cocinero: autenticidad, humildad y pasión.
¿Qué tendrán en común estas declaraciones, más allá de la coincidencia de ser emitidas el mismo día y en el mismo lugar? ¿No hay acaso serios problemas con la democracia en toda la región, con Poderes Ejecutivos que avasallan desde las libertades fundamentales hasta a los otros poderes del Estado? ¿No ha sido la OEA incompetente para resolver golpes de Estado en esta década? ¿Acaso se ha podido detener la infausta y antidemocrática moda de cambiar Constituciones a gusto del gobernante para promover su reelección y perpetuarse indefinidamente en el poder?
Y en cuanto a la cocina peruana y mundial, ¿no estamos sobreestimando su potencial? ¿No será este boom culinario un espejismo creado por brillantes marketeros que se apagará como se terminan apagando todos los fuegos por estas tierras? Para ponerlo en términos gastronómicos locales: ¿bueno es culantro, pero no tanto?
Parece que en la apuesta por la esperanza, en la visión de un mundo prometido tantas veces, está la respuesta. Ahí está la esencia compartida de las dos declaraciones. Es verdad que la democracia, la menos imperfecta forma de gobierno, no goza de una salud extraordinaria en estos días. No comparto el optimismo de los ex Presidentes. Las prácticas antidemocráticas son las que se encuentran generalizadas en la región. Pueden ser amenazas leves o severas, pero ahí están esparcidas por el continente. Poco o nada hacen los vecinos por remediar esta situación. Si la declaración se entiende como un llamado a la acción, entonces estamos en mejor camino.
¿Y la cocina? Nadie sabe los manjares que le depara el futuro, pero a fuerza de querer creerlo los peruanos se están convenciendo de que desde la humildad de un fogón de leña se puede conquistar un mundo. Si en ese emprendimiento encuentran compañía y consejos, en buena hora.
Un país anda de buen humor cuando le da espacio a la esperanza. ¿Cómo se hace para contagiarlo a otros aspectos de nuestros días?
Rosa Maria
Palacios