Al tercer mes, va la vencida para este Gabinete. La oposición, liderada por la bancada fujimorista, ha logrado reunir las firmas necesarias para presentar un pliego interpelatorio y, probablemente, aprobarlo. Parece muy difícil que se logre la censura de la Ministra de la Mujer por la correlación de fuerzas en el Congreso, pero la señal ésta dada. La oposición comienza a serlo. Esto es, en una democracia, una buena señal de la salud del sistema.
El problema para la oposición, sin embargo, puede estar en las razones que motivan la interpelación. La muerte de tres niños en Cajamarca es un hecho trágico, más aun si murieron envenenados tras consumir alimentos regalados por el Estado a través del Pronaa. Pero es evidente que la situación no es dolosa; es decir, nadie tuvo intención de causar esta tragedia, por lo que el juicio político se puede convertir rápidamente en un circo que no permita saber lo que es más importante: ¿Cómo terminó el pesticida en el cuerpo de las víctimas? De ello depende no solo la justicia para este caso, sino también la prevención de una potencial tragedia mayor. Si no hay una explicación pronto, la única víctima política no será la Ministra sino también el Congreso, por no tener propuestas frente a lo ocurrido.
El caso del asesinato de Walter Oyarce se ha resuelto en una semana de investigación policial. Testigos, peritos, videos, fotografías han aportado lo suyo para establecer una causa probable para el procesamiento de varios sospechosos que, además, ya están detenidos. ¿Por qué no se puede resolver a la misma velocidad el caso de los niños de Cajamarca? Pues creo que, si bien no son hechos comparables, la investigación ha tendido más a lo político (¿a quién culpamos?) que a lo científico (establecer la trazabilidad de los alimentos).
Lo que sabemos hasta ahora con certeza es que las pericias realizadas en los cuerpos de los niños arrojan la presencia de un tipo de pesticida (carbonados) que se usa para fumigar el campo. La sobrevivencia de más de ochenta intoxicados con el mismo producto lleva a la sospecha de que la dosis era pequeña. ¿Cómo llegó el pesticida al alimento? Considerando siempre la forma involuntaria, existen dos hipótesis posibles. La primera es que el contacto se da durante la preparación del alimento. La segunda, que el alimento llegó contaminado.
La primera hipótesis causó la indignación de las madres del caserío de Redondo, pero es obligación de Medicina Legal hacer todas las pericias sobre los utensilios utilizados. De la segunda, la más probable hasta ahora, no se tiene noticia. La contaminación puede haberse dado en cualquier momento de la cadena de distribución: empaque, almacenamiento, transporte. Sin embargo, es posible que el producto se contamine en el campo mismo. Este sábado dos ingenieros agrónomos me explicaron que un campo puede estar por cosecharse mientras que otro, al lado, con otro producto, puede estar fumigándose. Cuando se cultiva en extensiones pequeñas esto es posible, contaminándose uno, dos surcos del lote vecino. Se requiere entonces inmovilizar el lote de donde vino el producto, examinarlo todo y, posiblemente, incinerarlo.
Se me explicó también que en este caso la trazabilidad es imposible. Saber de qué surco salió un grano de menestra no es posible. Pero sí se puede determinar quién fue el proveedor, quién, a su vez, puede hacerlo con el acopiador y éste a sus respectivos proveedores para revisar sus buenas prácticas de seguridad sanitaria agraria.
¿Cómo va entonces la investigación científica de estos alimentos? ¿Se recogieron y analizaron muestras? ¿Qué medidas de prevención se están tomando para evitar otro contacto? ¿Qué medidas de seguridad sanitaria se exigen hoy a los proveedores (no cuando venga la enésima “reorganización”)? Esto es lo que la Ministra debe conocer y por lo que debe poder dar una explicación. Y si bailó con el Puma Carranza, si viajó a tiempo o destiempo, si se burló de las madres culpándolas de lo sucedido, si fue una torpeza política mandar botar a inocentes funcionarios del Pronaa creyendo que con eso arreglaba algo, que si Javier Diez Canseco hubiera hecho un escándalo de haber sido opositor a una ministra fujimorista, funciona bien para la galerías, pero no para los niños muertos o los que podrían morir. Lo primero que hay que saber antes de cualquier decisión política, es la verdad.
Esperemos que la oposición y el oficialismo no hagan un papelón mutuo en esta ocasión.
Rosa Maria
Palacios