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Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 17-10-2011 | Rosa Maria Palacios

Una noche de un viernes cualquiera

El viernes en la noche me quedé en casa. Como quien no tiene nada que hacer, entré al Twitter a ver las reacciones del programa de TV que dirijo y que había presentado un capítulo más de la congresista ‘Roba Cable’. Me pasé un buen rato contestando las dudas, impertinencias, agradecimientos y demás comentarios; creo que, con bastante paciencia. Cuando ya iba a cerrar la computadora apareció el mensaje de @Yampiercs “Sorry, necesito ayuda tengo un paciente de 2 años de edad que se está muriendo en el instituto Nacional de Ciencias Neurológicas”. Me informó el nombre del paciente, el teléfono de emergencia y me dio el diagnóstico: Hipertensión Endocraneal Severa. Ellos no tenían un neurocirujano pediátrico. Sin embargo, el Hospital del Niño tenía uno de guardia. El problema era que desde el día anterior estaban tramitando la transferencia y esta no se autorizaba aún. @Yampiercs, que atendía a la niña, me decía que ya no podía hacer más por ella y veía con desesperación cómo se deterioraba.

 

Los periodistas recibimos decenas de pedidos diarios. La solución a la gran mayoría de ellos escapa a nuestro casi nulo poder. Lo que me convenció de que el asunto era serio y urgente era que el pedido de ayuda venía del propio personal que la trataba, lo cual es bastante inusual.

 

Inmediatamente reenvié su mensaje a todos mis seguidores, que son unos 114,000. La respuesta fue abrumadora, solidaria y generosa. @alvarosimons me dijo que tenía que llamar al Cenaure (y tuvo la amabilidad de explicarme que era el Centro Nacional de Referencias de Urgencias y Emergencias). Otros ofrecieron sangre, nombres de neurocirujanos y teléfonos. Otros sugerían despertar al Ministro de Salud, al Director del Hospital, etc. Me llegaron más nombres y teléfonos y, en unos minutos, tenía contacto con el Cenaure, la Jefa de Guardia del Hospital del Niño y, finalmente, el responsable del traslado. En el Cenaure me dijeron que faltan unos exámenes, en el Hospital del Niño que estaban con la capacidad a tope y que el neurocirujano estaba operando. Cuando logré comunicación con el responsable del traslado, éste me tranquilizó asegurándome que la niña estaba estable y que procederían al traslado si tenía sus tomografías, las que, felizmente, tenía. La ambulancia salió alrededor de las 2.00 am. A esta hora (domingo en la noche) la niña esta estable y a la espera de una válvula que le salvara la vida. Mañana o pasado deben operarla. No fue necesario abrirle el cráneo de emergencia, como temíamos, para que cediera la presión.

 

En medio del frenesí por conseguir ayuda, reenvié el mensaje a Nadine Heredia y, obviamente, al ser tan tarde, no contestó. Terminado el incidente un médico twittero me recriminó por ello. Y tenía razón. Me dijo que lo que había visto era solo una pequeña muestra del vía crucis que pasaban buenos profesionales de la salud ante un sistema que no funciona, y que solo cuando se recurre a influencias se consigue la transferencia. Muchas veces, eso sucede cuando ya el paciente está al borde de la muerte. Le doy toda la razón, el sistema tiene que funcionar para todos, no solo para la niña de esta historia. Sin embargo, como le dije, ella no puede esperar a que el sistema funcione para salvar su vida. Por una casualidad del destino, yo estaba conectada cuando no debía estarlo. ¿Qué debía hacer? ¿Cerrar la computadora? Sin embargo, entiendo el punto de vista del doctor y protesto desde aquí. Le prometí hacerlo. No deben desalentarse los médicos, enfermeros y técnicos. Eso solo hace peor un sistema saturado y que demanda reformas urgentes en salud pública. Pidan ayuda, como sea. En paralelo, cambien el sistema por uno que funcione.

 

El viernes en la noche un grupo de desconocidos aprendimos valiosas lecciones. El celo profesional y el cariño por la vida de un enfermero que no pudo ser indiferente. La abrumadora generosidad de gente que me dijo “estoy rezando”, sin conocer siquiera por quién lo hacía. La velocidad de trabajar en equipo hacia un objetivo común. La desesperación de quien se cree solo y la humildad de pedir auxilio a quien esté más cerca. Todo eso pasó en tres horas. Y mientras una niña iba en ambulancia a salvar su vida, la Roba Cable, el Come Oro y todas las demás noticias escandalosas del día se hacían ante mis ojos, que se cerraban de sueño, cada vez más diminutas e insignificantes.

 
Rosa Maria
Palacios

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