Columnistas | 24-01-2011 | Rosa Maria Palacios
Un rápido repaso por la situación patrimonial y rentas de los candidatos a la presidencia y vice presidencia debería descalificarlos a todos. A unos por no decir nada y a otros por contarnos unas historias de pobreza que son literalmente increíbles.
¿Quién diría que PPK ha acumulado un patrimonio un poquito mayor al millón de dólares? ¿Nada más? 72 años de vida, más de treinta trabajando en banca internacional y ¿eso es todo? Con la subida del valor de las propiedades en San Isidro eso no alcanza para mucho, la verdad. Así que si PPK quiere vender la imagen de exitoso hombre de negocios, la verdad es que muy exitoso (al menos económicamente) no ha sido. Para un par de casas y eso. Tal vez, con el tiempo, sus declarados ingresos de 237,000 soles mensuales le alcancen para ser un poco más ahorrativo, ¿no?
Y Máximo San Román, su vicepresidente, ¿solo tiene un patrimonio superior a 600,000 soles? ¿Tanta maquinaría para hacer pan y no ha podido acumular nada más? Si ese es el futuro del emprendedor, bueno, parece que las cosas son menos promisorias de lo que tanto se esmeran en pregonar los entusiastas. Porque matarte trabajando 40 años para no tener más que una modesta casa, la verdad, sorprende.
A Keiko, casi, casi hay que darle un premio. Sin trabajar previamente a esta legislatura, a sus 35 años tiene bienes por 738,000 soles sin tener otro ingreso que los 15,600 de su trabajo. Y Ollanta, pobrecito, solo tiene bienes por 80,000 soles. ¿Qué cuesta 80,000 en estos días en Miraflores o Surco, donde se mueve Humala?
Cierto es que la acumulación patrimonial no es la medida del éxito personal. Sin embargo, si estos aspirantes a Presidente han tenido tan poca fortuna (salvo Keiko) en lograr esta acumulación en su vida profesional, ¿por qué tendrán mayor suerte administrando lo ajeno? Es decir, si no manejas bien tu plata, ¿por qué serás un as manejando la del Estado?
Tal vez la cultura del éxito no vende en el Perú. Qué diferencia con otras elecciones latinoamericanas, en las que, sin ir muy lejos, Sebastián Piñera no tuvo la menor vergüenza en afirmar que su patrimonio personal era superior a los 1000 millones de dólares. Y lo eligieron sin hacerle ascos a su fortuna. Por el contrario.
A pesar de los patrimonios misios de estos candidatos, debemos agradecerles que al menos se tomen la molestia de llenar los reglones correspondientes en la declaración jurada que les alcanza el JNE. Cierto es que no es obligatorio hacerlo, pero Toledo, Castañeda y sus respectivos vice presidentes no pueden quedarse callados. Menos aún Castañeda, quien incluso se ha atrevido a decir que no es más que un mero ‘requisito burocrático’. ¡Qué vergüenza!.
Rosa Maria
Palacios