Cuando en agosto del 2008 el programa Prensa Libre contó al país que el congresista de UPP José Anaya engañó a la administración del Congreso con facturas fraguadas, para obtener un indebido reembolso económico por sus supuestos gastos operativos, mi objetivo no fue exclusivamente denunciar una conducta corrupta y sancionable, sino, también, poner atención sobre una práctica extendida dentro del sistema parlamentario.
El jueves pasado, Anaya fue condenado a cinco años de prisión efectiva por haber adulterado tres recibos de pollos a la brasa, de S/.369, S/.428 y S/.397, respectivamente. Además, pidió se le reembolsaran S/.4574 por un pasaje a Europa que él no pago (aunque no se ha podido determinar quién lo hizo, esa es la historia de “los romanos”, no nos desviemos). La administración del Congreso no objetó lo que a todas luces era objetable (no hay ser humano que pueda comerse más de S/.1000 de pollos a la brasa en un mes) y pagó lo reclamado. La denuncia salió y ‘Come Pollo’ nació gracias al ingenio popular y a la cólera que generó el caso.
De inmediato, por iniciativa de varios bloggeros, se comenzó a “adoptar” congresistas para conocer sus rendiciones de cuentas. Algunos, no más de dos en mi recuerdo, accedieron a mostrar sus cuentas a sus “adoptantes”. Los demás reaccionaron indignados, ganándome su odio eterno. El programa Prensa Libre pidió formalmente al Congreso las cuentas de 5 congresistas, al azar, de bancadas diferentes, para hacer un examen de éstas. La respuesta fue demoledora para la transparencia y la lucha contra la corrupción: El Congreso no entregaría la información porque la Contraloría estaba realizando una auditoría. Dicho sea de paso, los resultados de esa auditoría jamás fueron presentados pese a nuestra insistencia. El encubrimiento perfecto.
Nunca sabremos cuántos congresistas estaban cometiendo la misma falta. Lo que sí sabemos es que el Presidente del Congreso eliminó de su sistema de pago la rendición de gastos operativos y los convirtió en un monto fijo, con carácter remunerativo, sujeto a los descuentos de ley. ¿Por qué tuvo que hacer eso si nadie estaba cometiendo un delito? Y, lo que es más obvio, ¿por qué Anaya cobró sin ningún problema gastos que un contador honorable jamás hubiera pasado?
El Presidente Alan García ha dicho este sábado que “la prensa guardó silencio” sobre las demás facturas que están en el Congreso. ¿Fue la prensa o fueron sus congresistas que han manejado el Congreso durante cinco años a punta de repartir favores? Nuevamente García perdió una buena oportunidad de quedarse callado.
Sobre Anaya, cometió un delito y, sin importar el monto de lo robado, merece condena y sanción porque siendo un alto funcionario tiene una mayor responsabilidad. Pero, en sentido estricto, no es más que un pobre ladrón de gallinas. ¿Merece cinco años de cárcel, que al menos serán dos privado de la libertad? ¿Cómo dormirán los demás congresistas que saben que hicieron lo mismo? ¿Alguien los tendrá bien ubicados y les recordará cada cierto tiempo cómo deben votar? ¿Será Anaya un caso ejemplar en el peor de los sentidos?
Creo que, como los gastos operativos de los demás congresistas, nunca sabremos la verdad.
Rosa Maria
Palacios