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Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 07-03-2011 | Rosa Maria Palacios

PACO 24, SANDRO 17, PEPE 32, LUCHO 8….

Caminar por las calles y carreteras del país es hoy un homenaje a la democracia sin partidos, nuestro actual sistema político. No es la primera vez, ni será la última, por la poca voluntad de reforma, que seremos testigos del espectáculo, pero en esta ocasión un nuevo fenómeno aparece: la publicidad política se está poniendo apolítica.

 

Los candidatos al Congreso por lo menos simulaban ser parte de un proyecto colectivo, si bien no un partido organizado, al menos un conjunto de ideas, una visión de país, una percepción que ubicará al grupo en el imaginario popular como reformista o radical, revolucionario o conservador, centrista, derechista o de izquierda.  El candidato al Parlamento, en la lucha cainita que ha sido siempre el voto preferencial, intentaba pasar al menos un mensaje que identificará a un bolsón de votantes con un proyecto de interés del partido. Sean los jubilados, los jóvenes, los profesionales, los campesinos, los agremiados, las mujeres o cualquier grupo de interés, la oferta se orientaba con mensajes sencillos en paneles, publicidad radial o impresa.

 

¿Qué mensaje se lleva hoy el votante con ‘Paco 16’ o ‘Sandro 27’, con la cara inmensa de un perfecto desconocido? ¿Se supone que hay algo misterioso que descifrar ahí? ¿Es un juego de acertijos?  ¿O es la nada como oferta electoral? Claro, se puede apreciar la sinceridad del postulante que, ante la ausencia de una idea al menos, opta por el número como única propuesta. Sin embargo, ¿no merecemos un poquito más? Hay algunos que ni el nombre completo se dignan compartir.

 

Como en el 2006, el segundo lugar de esta primera vuelta será disputado voto a voto. Todo puede cambiar, pero si las elecciones fueran mañana, de acuerdo a todas las encuestas publicadas este fin de semana, Castañeda y Fujimori pueden quedar a una distancia tan cercana como la que tuvieron Alan García y Lourdes Flores.  ¿Qué deberían hacer ambos partidos para distinguirse en la cancha?

 

En una democracia sin partidos, la lista al Congreso se convierte en el sustento de defensa y ataque, de propuesta y debate para los candidatos presidenciales. Hay al menos 130 postulantes que deberían tener un mensaje unitario y bien direccionado, incluso segmentado por ámbito geográfico y demográfico, así como sus propias posibilidades de acceso a medios locales y nacionales para promover, en primer lugar, a su candidato presidencial.

 

Sin embargo, las listas con candidato presidencial agradecen tenerlo “porque jala votos para la lista” pero no hacen nada por su líder, salvo usar su color en los paneles. En las entrevistas, ni lo mencionan, ni sustentan, salvo algunas excepciones, los planes presentados al país por su agrupación política. El postulante al Congreso quiere hablar de “sus” propuestas, exhibir “su” número y responder por “sus” actos, llegando a garantizar al elector, como si fuera un  gran activo, su independencia de ser elegido. Por eso, solo se necesita ser Lucho 15, Oscar 7, o Pepe 36.

 

No se quejen después, del Congreso que tendremos.

 
Rosa Maria
Palacios

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