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Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 04-07-2011 | Rosa Maria Palacios

Lo correcto y lo conveniente

 

Si quieres saber cuál es la verdadera medida de un ser humano, aprécialo cuando tiene que optar entre lo conveniente y lo correcto. Estos meses me han dado el lujo de verme a mí misma, y a otros, frente a este dilema; y el resultado solo me deja agradecida y satisfecha.

 

Gracias a Dios no tenemos que enfrentar esta complicada cuestión todos los días. La armonía social indica que, por lo general, lo conveniente y lo correcto pueden y deben transitar de la mano. No cabe duda que es conveniente que todos cumplamos ciertas reglas de convivencia que, a su vez, sean las correctas. Nadie quiere ni puede, por ejemplo, vivir en una sociedad de asesinos o ladrones. Respetarnos los unos a los otros no solo es correcto. Es, también, conveniente.

 

Sin embargo, algunas pocas veces en la vida el dilema se plantea de manera ineludible. Viene de a pocos y, a veces, de golpe, pero viene y tienes que decidir. No hay forma de escapar de él y el trago amargo hay que pasarlo. Las dudas, aquietarlas. Tarde o temprano tu conducta es la que define tu destino.

 

¿Es conveniente callar ante una injusticia si no te toca directamente? Vaya que sí. Total, ¿acaso es tu problema? ¿Es conveniente traicionar los principios éticos que te has obligado a respetar para salvar tu trabajo, porque presumes (ni siquiera lo sabes con certeza) que es lo conveniente para tus empleadores? ¡Qué duda cabe que tener trabajo es muy conveniente, y no tenerlo, muy inconveniente! ¿Por qué defender principios si nadie te ha pedido que lo hagas? ¿Por qué no claudicar discretamente si es tremendamente conveniente?

 

Son pocos los afortunados que pueden ponerse a prueba y revisarse con calma después de la batalla. Tengo la dicha de ser uno de ellos.  Y la alegría de haber hecho siempre lo inconveniente y lo correcto, no me la quita nadie.  Le garantizo que si usted opta por el bien, a pesar de los grandes sacrificios que a veces ese camino tiene, tendrá su conciencia tranquila y podrá sentirse satisfecho.

 

No podría haber caminado siete años por este camino sin la ayuda de la gente maravillosa de América TV. Un equipo que el azar juntó y que resultó, pese a quien le pese, la mayor potencia periodística de la que ha gozado en mucho tiempo la televisión. Mi especial aprecio a todos los directores de programas periodísticos de América por su profesionalismo y por hacer siempre, y a pesar de todo, lo correcto en beneficio del público. Laura, Martha, Hugo, Roberto y mi querido Ronald saben que les hablo de corazón. Aprendí tanto de ellos que no tendría forma de pagarles.

 

Y a todos los conductores, reporteros, productores, editores, camarógrafos, mis amigos, ¿cómo agradecerles? No hay manera; lo que han hecho por mí, cada uno en su trabajo, se queda conmigo. Sigan batallando porque el público lo merece. No hay lugar para lágrimas ni tristezas. Al contrario, alégrense conmigo, que nadie debe guardar luto por hacer el bien.

 

Quería que esto constara por escrito en alguna parte para que, con el paso del tiempo y cuando ya todo esté olvidado, incluso nuestra vana y falsa gloria, alguien que recorra nuevamente estas líneas, tal vez una joven periodista que recién empieza, pueda escuchar el susurro de un consejo de siglos: “pase lo que pase, haz lo correcto”. Nada más. Es la única manera de ser feliz.

 
Rosa Maria
Palacios

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