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Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 17-08-2011 | Juan Carlos Ruiz

Guerra al oscurantismo

En toda sociedad y a lo largo de la historia suceden tiempos de ilustración a épocas de oscurantismo. Ocurre en ámbitos públicos y privados. Y debo confesar que, en términos de nuestra historia política, los últimos cinco años fueron para el Perú una época de profundo oscurantismo.

 

Tuvimos a cargo del país a un personaje oscuro que hoy atraviesa un momento de decadencia política. García significó el retraso de reformas sociales fundamentales para consolidar el desarrollo y que, gracias a su miopía como gestor público y a su ego colosal, se vieron detenidas y durmieron el sueño de los justos.

 

Hoy tenemos una nueva oportunidad, más allá de quien ocupe la posta del Ejecutivo. Lo importante del momento es que tenemos el reto de acortar esa criminal distancia que hoy existe entre el aparato estatal y los ciudadanos, en especial aquellos que habitan un territorio inhóspito y poco desarrollado.

 

Esta es la principal razón de ser de los nuevos tiempos. No creemos que sean tiempos de Ilustración perfecto, y mucho menos de iluminados. De ninguna manera. Hablamos de tiempos que nos dan un aire fresco para repensar la historia política nacional.

 

El reto de la nueva gestión es convertir las diferencias en fortalezas y transformar las debilidades en oportunidades. El reto de la nueva gestión a comprarse el pleito de quienes quieren una oportunidad para consolidar un país que comienza a pensar en sí mismo, ya no como una promesa, sino como una posibilidad real.

 

Atrás deben quedar los millones de intentos por crear una Identidad Nacional a punta de decretos supremos o que fueron escritos en papel por intelectuales alejados de la nueva realidad social. La historia moderna se escribe con hechos concretos, donde la ideología juega más un rol de principios y no de dogmas que debemos seguir cual religión política.

 

Ese es el oscurantismo que debemos dejar atrás. Un oscurantismo improductivo, poco reflexivo, prepotente y arrogante que lo único que hizo fue crear más distancia entre peruanos. Por eso los principios que la mayoría respalda con sus preferencias en los sondeos de opinión son sentirse incluidos en una economía dinámica y en una sociedad que no nos discrimine.

 

Soy un convencido que los peruanos del futuro, aquellos que queremos dejar a nuestros hijos un país con oportunidades y en permanente crecimiento, debemos declarar una guerra sin cuartel a las épocas oscurantistas, para que cada nuevo gobernante o líder social tenga en su mente que las estructuras de poder no deben responder a una lógica por favorecer a unos pocos, sino que deben servir para generar programas inclusivos que nos hagan sentir a todos parte de un mismo equipo. Ese que llamamos Perú.

 

Nota del Columnista: Esta columna descansará mientras desempeñe un encargo de gestión pública encomendado y que acepté realizar con el compromiso de servir –una vez más– al país. Al finalizar este encargo volveré a mi habitual colaboración semanal.

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