Jueves 20 de Junio del 2013

Columnistas | 11-06-2012 | Juan Carlos Ruiz

A LA MEMORIA DEL PADRE

MAURO RUIZ PEÑAHERRERA

(19 DE ABRIL DE 1943 – 11 DE MAYO DE 2012)

 

Mía despertó de pronto a las tres de la mañana. Hacía varias semanas que no lo hacía. Miraba, conversaba y reía con alguien a quien no veíamos en la esquina del cuarto. Cinco minutos después, mi madre llamó para decir que te habías ido. Te habías despedido de tu nieta. Hoy fue hace un mes que partiste, y aunque logramos despedirnos, hay palabras que nunca te dije. Por eso escribo esta última carta en honor a tu memoria.

 

Son muchas palabras las que quise decirte y no pude. Mientras te velábamos pensaba por qué fuiste a despedirte de tu nieta. Seguro que para asegurarte de que le enseñara aquellas pequeñas cosas que tú me enseñaste y cambiaron mi vida.

 

Tranquilo. Mía sabrá que las cosas no son siempre lo que parecen. Sabrá distinguir esos simulacros que nos quieren vender como verdades. Sabrá que Caín mató simbólicamente a su hermano para librarse del ‘bullying’ al que éste lo sometió. Sabrá que la biblia es solo un relato más que debemos interpretar como cualquier otro libro de historia.

 

Mía sabrá de nuestra historia. No la obligaré a leer esa interminable Historia de la República de Basadre a los 12 años –como tú hiciste conmigo–. No le tendré que explicar por qué todos nuestros héroes siempre perdieron. Habrá otros que puedan mostrar sus triunfos.

 

Sabrá que los hombres sí lloran. Porque me verá llorar cuando tenga que hacerlo. Sabrá que podemos discrepar y no estar de acuerdo, pero nunca dejaré de amarla por pensar diferente, por ser diferente, por creer en algo diferente.

 

Mía sabrá que la tolerancia es lo último que se pierde. Aunque debo confesar que se me hace muy difícil. Soy un fanático de la intolerancia. Lo siento. No puedo tolerar el maltrato ni la indiferencia. Me resisto a aceptar que la pobreza, la ignorancia y la corrupción se conviertan en el pan de cada día. Me “saca el indio” que nos conformemos con tan poco y seamos derrotados antes de tiempo. Me irrita tanto la mediocridad.

 

Tú me hablaste del éxito. Me enseñaste a ser ganador. Me retaste a que sea el mejor en lo que hiciera. Eso mismo le enseñaré a Mía. Con tus palabras. Sabrá que su abuelo siempre fue un ganador. Porque hizo lo que quiso. Cumplió sus metas. Aunque la última quedó truncada por ese maldito cáncer que se cruzó en nuestro camino. Aunque no disfrutaste a tu nieta como la vida manda, sé que la visitarás seguido y te convertirás en su ángel de la guarda. Sé que siempre cuidarás de ella.

 

Mía también sabrá que cumplimos nuestras promesas. Lo sabrá porque cumpliremos tu último deseo el 11 de mayo del 2013, cuando a un año de tu partida llevemos tus cenizas al fundo de Nueva Esperanza, en Ynti-Yaco (Bellavista, San Martín), donde pasaste los mejores 13 años de tu vida. Allí las esparciremos para dejarte ir, y para que tomes el rumbo que lleve la corriente de tu querido río Huallaga. Extrañaré mucho la sonrisa cómplice que tu nieta sacó de ti.

 

Extrañaré tu vehemencia y tu emoción para hacer las cosas. Nunca olvidaré ese último beso que le diste a Mía en casa, cuando sabíamos que partirías pronto, pero que mantuvimos en secreto para que los demás no sufran tanto como nosotros.

 

Son muchas palabras las que quise decirte y no pude. Pero todas se resumen en una frase que tal vez no te dije tanto como quise: “Gracias, Mauro”.

 
Juan Carlos
Ruiz

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