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Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 02-08-2011 | Rene Gastelumendi

Esta Martha no tiene un marcapasos

Después de ver y sufrir el escándalo internacional que protagonizó Martha Chávez durante la provocadora -hay que decirlo- juramentación presidencial, a muchos nos alivia aún más que el fujimorismo no haya llegado al poder. Pero también, en términos meramente estratégicos, sin comprometer ideología ni principios, nos ayuda a entender mejor por qué perdió. A diferencia de la Martha que inspiró la ochentera canción de los Hombres G, a la obstinada congresista nada parece ser capaz de marcarle el paso. Han pasado las semanas desde que las urnas expresaron la voluntad del electorado y Ollanta Humala ya está en la presidencia, gracias a una derrota, por un estrecho margen, que bien podría tener nombre propio. El de la ruidosa parlamentaria que nos ocupa. Una personalidad radical, aunque coherente, porque siempre ha seguido, durante su carrera, una línea férrea que no es otra que haber defendido y seguir defendiendo todo lo indefendible de su partido hasta la eternidad.

 

Durante la última campaña, por tanto, la presencia de Chávez en la lista parlamentaria no fue provechosa sino todo lo contrario. Pues era la encarnación misma de todo lo que la gente aborrece del fujimorismo, uno de los rostros más representativos de la gran parte oscura de un partido político que, al mismo tiempo de gozar de un fiel núcleo duro, buena parte de la sociedad le demandaba una refundación que ahora, a la luz de los hechos, se va consolidando como imposible.

 

Puesta allí, entre los candidatos al congreso, tal vez por pedido expreso de su padre en agradecimiento a su rol de “escudera” y por las bases del movimiento, Keiko Fujimori no pudo con ella, evidenciando que no todo lo que en Fuerza 2011 sucedía estaba bajo su control. La clara amenaza de su parte, en plena segunda vuelta y ya elegida como parlamentaria, de investigar a Cesar San Martín, el juez que emitió la sentencia contra Alberto Fujimori y actual presidente del Poder Judicial del Perú, aniquiló toda la frescura, los nuevos aires y los pedidos de perdón que la candidata y su equipo de campaña se esforzaron en transmitir a los votantes más jóvenes. Es cierto, Keiko salió luego a los medios a deslindar respecto de la brutal declaración de su partidaria, pero el ruido la desgastó y siguió rememorando sus pasivos entre los numerosos indecisos de entonces. Hoy, ya con el país bajo la administración de Gana Perú y con un nuevo parlamento, el escandaloso número ejecutado por Martha Chávez indispone a Fuerza 2011 con el resto de las bancadas, perjudica la endeble imagen de todo el poder legislativo frente a la población y cuestiona el verdadero liderazgo de la segunda fuerza política del país. El por qué Keiko no enmendó la plana de forma contundente, al menos con la forma del reclamo de su congresista, solo ella lo sabe. Se vienen cinco largos años de debate parlamentario y quiero creer que la estridencia y la intolerancia no se van a robar la atención de un país urgido de consensos y de una clase política madura

 
Rene
Gastelumendi

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