El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 30-08-2011 | Rene Gastelumendi

Ciro Castillo, ensayo sobre un enigma

Cuántas carátulas, Ciro. Nunca lo imaginaste, ni en sueños. Cuántos titulares. Cuántas historias han contado tus fotografías profanando tu historia en vano intento. Cuántos periodistas que no cuentan tu historia rebuscan como recicladores lo que dejaste de tus días. Cuántas otras preguntas le seguirán haciendo a la última mujer que amaste hasta el misterio de tu muerte, presunta como ella sola.

 

Nosotros, mientras tanto, permanecemos aquí, en el cómodo sillón de turno, tan cerca, tan lejos, de esos cóndores. No te da lo mismo, lo sé, que sigamos merodeando en las entrañas del Colca, ese valle en el que te perdiste, deleitándonos, impunes, con cada bocado que nos da la angustia prójima que sigue derramando tu padre, con las respuestas rotas de tu indescifrable compañera de viaje. No te da lo mismo, lo sé. Mas no olvides, Ciro, no olvides que no nos dejarán cambiar de canal, que leamos otro periódico, antes de que aparezcas y se acabe la función de tu tragedia. Oneroso lamento que acompaña, desde sus prolegómenos, hasta el andar de un nuevo gobierno que se estrenó con tus dudas ya extraviadas. Por cierto, ¿por quién habrías votado, Ciro? ¿Cuál era tu color favorito? ¿Qué música escuchabas? ¿Qué hubieras querido hacer con tu vida más adelante? Eso ya no importa. Frente a la infalible magia negra que provoca el enigma de tu ausencia, eso ya no importa.

 

Aún si tus restos yacen ocultos en la puna, algo ya grita que no te encontraremos, que muchas flores serán arrojadas a esas montañas para recordarte de verdad, cuando los medios se cansen, nos cansen y, por fin, te olviden. Que tu tumba será, por un decreto de urgencia del destino, ese inhóspito cañón arequipeño por donde ya desfiló la impotente comparsa del sistema, que Rosario no guarda celosamente el secreto de tu partida. No obstante, concedamos un momento, tan solo un momento, por si acaso la realidad nos traiciona y, en cambio, has huido para siempre. Aseguremos ese supuesto negado, ese pedazo de sentido y de delirio, para poder escribir, en ese caso, que tú así lo buscaste. Perdónanos, entonces. Ya no queremos, Ciro, ver por capítulos la pesadilla serial de tu paseo sin vuelta, el reparto de los tuyos en esta novela siniestra, desesperante, sin epílogo en el viento. Ya no queremos, Ciro, ver a tu padre en esa lucha lacerante, ver a tu madre llorando en horarios estelares. Ya no queremos, Ciro, es cierto, pero tal vez queremos seguir consumiendo la mercancía que desdibuja, por entregas exclusivas, lo poco que queda de tu sonrisa congelada. No nos culpes.

 
Rene
Gastelumendi

Mis otra columnas
Galería Fotográfica
Galería Fotográfica
Encuesta

¿Está de acuerdo con el desempeño del Gobierno en el caso Conga?





Diviértete