El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 18-10-2011 | Rene Gastelumendi

El Sarcoma de Chávez

El presidente Hugo Chávez tendría una expectativa de vida de solo dos años más, ha declarado hace un par de días Salvador Navarrete, quien fuera médico de la familia presidencial hasta antes de que se detecte el cáncer que está matando al mandatario venezolano. Al margen de la simpatía o rechazo que uno pueda sentir frente a su figura e influencia, estamos hablando del presidente más mediático de Latinoamérica. Un líder que, como sabemos, ha sabido ganarse un espacio permanente en las secciones internacionales de los medios debido a un estilo frontal, pleitista, que genera polémica y titulares, rechazo y adhesiones. De otro lado, es también el mandatario más ambicioso y obstinado en permanecer en el poder pues, aún desahuciado en secreto, insiste con una reelección que, por eso mismo, pretende adelantar.

 

El referido médico ha precisado que su expaciente no presenta un cáncer de próstata sino un sarcoma, uno de los procesos oncológicos más agresivos y difíciles de combatir. Se trata del crecimiento anormal de algún tejido conjuntivo que puede ser músculo, hueso, cartílago o grasa. La neoplasia se desarrolla hacia adentro del cuerpo, desplazando y luego aplastando los órganos vitales. En el caso específico de Chávez, este sarcoma, palabra cuya sola fonética ya asusta, parecería haberse iniciado a partir de su pelvis. Frente a la malignidad de un tumor de tales características, solo queda aplicar fuertes dosis de quimioterapia o radiaciones que, por cierto, matan tanto lo bueno como lo malo, hasta que el azaroso balance permita la existencia. Mientras sobrevive, el paciente sufre impactantes daños en su apariencia personal como la pérdida del cabello y el pelo de las cejas, mostrando una imagen frágil y vulnerable, típica de las campañas de sensibilización social frente a esta terrible enfermedad. Como dice ese lugar común, es un mal que no se le desea ni al peor enemigo. La televisada decadencia que estamos presenciando, esta vez la protagoniza un personaje que durante sus discursos y, en general, en todas sus numerosas apariciones públicas, siempre se mostró altivo, autosuficiente y soberbio. El contraste, por tanto, es sorprendente y hasta conmovedor. Ahora, a la luz de lo que se viene confirmando, esa mirada arrogante y, al mismo tiempo, carismática, deja traslucir, cada vez con más crudeza, el inocultable desconcierto de un hombre autoritario y megalómano, con pretensiones mesiánicas, que se creía omnipotente. Un hombre que siente cómo se le va acercando la muerte sin que todo su poder pueda hacer algo para evitarlo. Como además reveló Navarrete: “Chávez pensaba que no se iba a enfermar nunca”. Pero aún con la fecha de caducidad soplándole la nuca, el presidente venezolano va a necesitar las cámaras hasta que su dignidad, valentía y salud le permitan sostener su persistente ambición electoral. No obstante, la caída por entregas de un ícono de nuestros tiempos, para bien o para mal, ya deja traslucir, también, las sonrisas cada vez menos ocultas de sus numerosos adversarios que no pudieron hacer, por más que lo intentaron, lo que la naturaleza, todo indica, hará: sacarlo del poder.

 
Rene
Gastelumendi

Mis otra columnas
Galería Fotográfica
Galería Fotográfica
Encuesta

¿Está de acuerdo con el desempeño del Gobierno en el caso Conga?





Diviértete