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Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 25-10-2011 | Rene Gastelumendi

Autocrítica generalizada

¡Que pasen los padres de Ciro Castillo! ¡Que pase el hermano de Ciro Castillo! ¡Que pasen los padres de Rosario Ponce! ¡Que pase Rosario Ponce! Solo falta decir lo que, sin ninguna duda, se viene: ¡que pase el cadáver de Ciro Castillo! Es un hecho, el insólito capítulo de la investigación forense sobre el cuerpo de Ciro Castillo y todo lo que este pueda “decir” promete mucho más rating todavía. Si bien en los tristemente recordados “talk shows” la escena suprema, el súmmum de audiencia en el que todas las partes del drama se encontraban en el set, era frecuente de acuerdo a sus formatos, aquello, aunque no parezca, es muy difícil de que ocurra durante la emisión de un programa periodístico. Ante tal dificultad, a la televisión peruana no le queda más que suministrar por dosis la noticia “del año” estelar de turno. Entonces se le hacen “sentidos” reportajes a cada uno de los protagonistas de la historia, y además se les entrevista en vivo posteriormente porque no queda otra. El otro camino al éxito seguro fue la especulación salvaje e impune. En este contexto de entrega total al “respetable”, los sellos de agua sobre las imágenes “exclusivas” de cada canal acerca del caso Ciro Castillo se asemejan a las marcas de fuego sobre las reses que distinguen la rentable mercancía. Porque esta noticia es mercancía pura, y sería interesante hacer un estudio de cuánto es lo que han ganado los anunciantes gracias a este insumo infalible que hipnotiza al rebaño de la teleaudiencia como la magia negra. Con el drama de moda los medios se han ganado un merecido impuesto a las “sobreganancias”. Queda claro, hay que decirlo, que el programa o diario que no aborde ese tema, no existe y no vende, se queda sin mamadera y la mamadera es la desgracia ajena en “prime time”. Esta es la cosecha de lo que los propios medios hemos cultivado, el público al que nos “debemos” nos lo exige y nos premia con creces concediéndonos su generosa sintonía en este polémico círculo vicioso sin final a la vista.

 

Se reconfirma, con este caso digno de análisis en las facultades de comunicación y sociología del país, que el periodismo peruano, televisivo y escrito, más ilustrado puede alcanzar el mismo nivel que los vilipendiados “talk shows”, que son puro negocio. ¿Qué le vamos a decir a Rosario Ponce los periodistas, como gremio, si se comprueba que ella no tuvo nada que ver con la muerte de quien fuera su novio?, ¿cómo le vamos a responder, a reparar el daño causado luego de lucrar con su infeliz situación? ¿Es para esto que queremos la libertad de expresión como derecho absoluto y despenalizado? ¿Cómo explicarle a la sociedad que a los medios nos importa más la muerte de un estudiante de clase media que dos decenas de otros peruanos de clase baja? La semana pasada murieron cerca de 20 personas calcinadas por la informalidad de siempre, una informalidad tan letal como el hecho de que para nosotros, los periodistas peruanos, es más importante descifrar el enigma Ciro Castillo, que plantear una profunda revolución de nuestros valores para evitar que nuestros compatriotas pobres sigan muriendo como ganado.

 
Rene
Gastelumendi

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