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Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 06-12-2011 | Rene Gastelumendi

Perú, un país por civilizar

Casi siglo y medio después de la Guerra del Pacífico es cruel y preocupante la increíble vigencia de los diagnósticos e interpretaciones que, del Perú y su sociedad, hizo la intelectualidad chilena de entonces. Gracias al formidable libro “Guerreros Civilizadores”, recientemente publicado por la historiadora peruana Carmen Mc Evoy, es posible leer algunas reflexiones que, como balas cargadas de actualidad, penetran la frágil entelequia sobre la que no se termina de construir nuestro desarrollo e identidad como país. La conclusión es casi letal: en esencia, los peruanos hemos evolucionado muy poco en 132 años.

 

Sin suscribirlos en su totalidad, sobre todo por la carga racial que contienen algunos de ellos, me permito transcribir algunos pensamientos de intelectuales citados por la autora, y de ella misma, para la respectiva y dolorosa introspección a la que nos veremos forzados luego de rumiarlos.

 

Según el historiador sureño Benjamín Vicuña Mackenna, Perú y Bolivia eran países trabados en su evolución por “el revoltijo de sus castas, sus soldadescas y su indiada. Tribus más que naciones atrapadas en un círculo vicioso de fragmentación y anarquía caudillesca”. De Bolivia y su presidente Hilarión Daza decía: “país profundamente pérfido de índole, viciado y contrahecho en su origen, maleado por las revoluciones. Gobernado por un “indómito bruto de las selvas”. El Perú no se salva: “Tierra de incesantes convulsiones, habitada por un “mal antiguo”, ese “lobo hambriento e insaciable que había devorado” su vida desde la cuna, “dejándoles apenas existencia raquítica y miserable a través de las edades y de las pruebas más crueles”. (De inmediato pienso en Cajamarca, Cañete, Andahuaylas, etc. 2011 !!!). En síntesis, dice la autora, de acuerdo al juicio del historiador, Bolivia y Perú eran dos “desventurados países de la América Española, condenados al eterno vaivén de sus propias desasosegadas olas”. (Ups, ¡Qué vigencia!, digo yo).

 

Chile, dice la autora en otro momento, “para ganar a los países “civilizados” a su causa nacional, tenía que probar una y otra vez que era no solo militar y jurídicamente superior, sino que también lo era a nivel moral e incluso racial”. (Salvo por lo moral y racial, lo suscribo todo). Luego, resumiendo las ideas de una serie de intelectuales chilenos liderados por Pascual Ahumada, la autora explica que Chile construyó una percepción de sí mismo “como una nación trabajadora cuya misión era civilizar una frontera bárbara poblada por bolivianos y peruanos”. Ya por nuestros días, dice también el libro, el historiógrafo Sergio Villalobos reproduce, casi textualmente, a inicios de este siglo, todos los argumentos esgrimidos por sus pares decimonónicos: “que Chile es un país estable y ordenado en comparación con la anarquía que reinó permanentemente en el Perú. Y que Bolivia es -un país dueño de una “historia trágica y pintoresca”- y que Perú -es un país “con un pasado nutrido de vejámenes y crueldades sin límite con la propia población”-. La meticulosa historiadora peruana también cita, el fascinante relato, según sus propias palabras, que nos dejó sobre su entrada a Lima un cronista soldado, un expedicionario que comparó a la antigua capital virreinal, refiriéndose a nuestra ciudad, con una “bacante que se retorcía en medio de sus placeres”. (Uff, directo al plexo) .Y pensar que esa es solo la introducción.

 
Rene
Gastelumendi

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