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Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 23-01-2012 | Rene Gastelumendi

De la Primavera árabe al Invierno islámico

La llamada “Primavera árabe” fue recibida con simpatía por buena parte de la opinión pública de las sociedades occidentales. Desde Latinoamérica hasta Europa, los medios celebraban la valentía de las juventudes revolucionarias y hasta resaltaban el hecho de que estas hayan utilizado la tecnología de moda para organizarse: las redes sociales. Atribuyéndole un toque “cool” a las sangrientas protestas, frivolizando y equivocando aún más la exótica percepción de una realidad tan lejana como compleja, ajena y oriental. Sin duda, este efecto dominó que aún no culmina, no se trata de algo tan simple como la sola gesta de masas oprimidas liberándose de crueles y dinásticas dictaduras para convertirse en democracias ejemplares, más bien dista mucho de ser aquello. Por lo pronto, las nuevas autoridades elegidas en Túnez y en Marruecos pertenecen a partidos islámicos. Y en Egipto, país mucho más influyente, que supera los 80 millones de habitantes, acaba de ocurrir lo mismo.

 

Lo cierto es que el análisis de la situación árabe desde este lado del mundo pecó de ingenuo y romántico, pues omitió un elemento fundamental: la religión. No se tomó en cuenta que las paulatinas refundaciones de las repúblicas árabes norafricanas y, eventualmente, Siria y Yemén, entre otras, le dejarían el camino libre al Islam, a la posibilidad de un vertiginoso ascenso de la religión en la vida política. Que las viejas satrapías serían reemplazadas por una dictadura peor: la del oscurantismo; por un credo que abriga posturas tanto o más incompatibles con los derechos humanos consagrados a partir de la civilización occidental. No nos engañemos, las libertades fundamentales de los ciudadanos árabes seguirán siendo conculcadas, solo que ahora utilizando el infalible opio de Alá. El panorama para las minorías religiosas de esos países, como la cristiana, es todavía más precario.

 

Pero el empoderamiento del Islam también traerá consigo mucha turbulencia a la relación del Medio Oriente con Israel, Estados Unidos y el resto del mundo no musulmán. Concretamente, el “yihadismo”, que en sentido generalizado proclama el enfrentamiento contra los infieles, además de ser el sustento ideológico que respalda las acciones terroristas en nombre de la fe, incrementará las hostilidades hacia afuera. Lo que acaba de ocurrir en el emblemático Egipto, tras las recientes elecciones parlamentarias, es una clara muestra de cómo podría terminar esta “primavera”. El fin de semana se dieron a conocer los resultados de este proceso que ha durado dos meses, entre el 28 de noviembre y el 18 de Enero, y que ha tenido tres fases. Se ha conformado un Poder Legislativo de 498 escaños, el cual tendrá la importante misión de elaborar una nueva Constitución, y luego convocar a otro proceso electoral para, finalmente, elegir un presidente. La Alianza Democrática, una alianza islámica formada en torno al partido Libertad y Justicia de los Hermanos Musulmanes, ha logrado el 47% de las curules. En segunda posición ha quedado el partido islámico radical Hizb al Nur, que junto a otras agrupaciones del ámbito salafista (la corriente más extremista del Islam, la misma que sirve de inspiración a Al Qaeda) consiguió un 24,6% de los votos.

 

Las agrupaciones político-religiosas han conquistado el 70.4% del poder egipcio. Lo irónico es que el movimiento juvenil que hace casi un año protagonizó el celebrado levantamiento que acabó con el régimen de Hosni Mubarak apenas estará representado en el nuevo Parlamento. Los datos de la página web de la comisión electoral de ese país le otorgan el tercer lugar al partido de tradición liberal Wafd, con un 8,4% del electorado, seguido por los nuevos liberales de la Alianza Egipcia, quienes obtuvieron tan solo un 6,6 por ciento.

 
Rene
Gastelumendi

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