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Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 30-01-2012 | Rene Gastelumendi

Cuidado con la Gran Transformación

Que la “gran transformación” del país que ofreció Ollanta Humala durante su campaña se está produciendo, más bien, en sí misma, es un hecho. Ahora se le ve más cómodo acudiendo a citas internacionales como la del Foro Económico Mundial en la Suiza de los Alpes (irónicamente, el lema del evento fue la gran transformación mundial) que visitando el Perú de los Andes. Apenas ganó las elecciones, muchos celebramos la sintonía histórica del triunfador con los votantes excluidos del crecimiento económico, quienes conformaban el núcleo más fiel y radical de un electorado sembrado por su hermano Antauro y cosechado por el actual presidente, después. Como sabemos, se trató de un sólido arraigo procedente, en su mayoría, del centro y sur del país, pero también de Cajamarca, donde de igual modo, obtuvo una de las más altas votaciones.

 

La famosa “hoja de ruta” no fue otra cosa que una camisa de fuerza que atrajo al resto del electorado que necesitaba para ganar, en especial a los núcleos que no estaban dispuestos a votar por Keiko Fujimori. Pero, buena o mala, dependiendo de la orilla política desde donde se mire, porque aún es muy temprano para saber los resultados de su gobierno, la gran transformación personal de Ollanta Humala puede acarrear preocupantes consecuencias al mediano plazo. Sobre todo, entre la población menos favorecida de la sierra, de cara a futuros procesos electorales, pues ésta siente que, por enésima vez, se ha jugado con ella. De esta forma se consolida una máxima muy peligrosa que subyace en la conciencia colectiva del tercio más pobre del país: los políticos mienten y lo hacen descaradamente cuando están en campaña. Esto, sumado a la percepción de que, a propósito del inminente descalabro de Gana Perú, los partidos son tan solo frágiles alianzas oportunistas cuya única finalidad es acomodarse en el poder y llegar a él a través del timo, no le hace ningún favor a la democracia. El mayor riesgo es que Ollanta Humala agote el poco crédito que le queda a la clase política que juega, aunque con trampa, dentro de esta democracia y le deje llano el camino a un caudillo aún más radical que su propio hermano preso. Que aparezca un personaje capaz de representar el descontento y ofrecerles un verdadero cambio, una revolución. Una cosa es con guitarra y otra con cajón, dicen, pero nunca tanto como lo que puede ser calificado como una traición por, precisamente, aquellas poblaciones involucradas en la mayoría de los conflictos sociales, por ahora desplazados por el protagonismo de Conga, solo uno de más de doscientos. La gran transformación, entonces, se puede convertir en una gran frustración. No olvidemos que Sendero Luminoso también ofrecía una gran transformación.

 
Rene
Gastelumendi

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