Martes 18 de Junio del 2013

Columnistas | 18-12-2012 | Rene Gastelumendi

CUANDO LA HAYA ME DA VUELTAS

Llegué a La Haya con mucho optimismo y, ya en Lima, tras dos semanas escuchando 28 horas de alegatos de uno y otro lado, ese optimismo se ha moderado. Como se sabe, son tres los pedidos concretos que ha efectuado nuestro país ante este tribunal: el establecimiento de una línea equidistante de las dos costas como frontera marítima con Chile, que esta parta desde el punto Concordia y no del Hito Nº 1, y que se nos otorgue soberanía sobre el llamado triángulo externo, área marítima más allá de las 200 millas chilenas, pero dentro de las nuestras. Pese a las brillantes exposiciones de los juristas internacionales cuidadosamente seleccionadas por Torre Tagle, como punta de lanza de una política de Estado excepcional, pienso que es poco probable que se nos conceda todo lo pedido. Se tiene que preparar a nuestra población para ello, pues la prensa peruana ha sido, comprensiblemente, un tanto chauvinista al sobredimensionar nuestras expectativas. De aquí surge un debate interesante sobre la objetividad del periodismo ante causas nacionales.

 

Es cierto que el Perú desbarató contundentemente los argumentos chilenos, pero los abogados de ese país también son brillantes y respondieron a la altura. Por cada jurisprudencia que favorecía la posición peruana, ellos presentaban otra que favorecía la suya; por cada interpretación de convenios y acuerdos que hacía el Perú, ellos ofrecían otra casi tan convincente, y digo casi porque soy peruano. Con mapas, decretos, actas y minutas, el uno intentaba desarmar lo que otro había armado, el uno intentaba quebrar lo que el otro había construido. La carga de la prueba no solo fue para Chile, la fue también, aunque en sentido inverso, para el Perú. Cierto es que uno quedaba mareado y hasta confundido ante tantos argumentos expuestos. Cierto es también que el statu quo actual respecto del mar en disputa es claramente injusto para el Perú, pero la inequidad no necesariamente anula su validez y vigencia. Chile se encargó de enrostrarnos la perjudicial parsimonia de nuestra Cancillería respecto de este reclamo durante las décadas del 50 y 60, pues nunca planteó ninguna queja y más bien pareció acatar (y de eso es precisamente de lo que se sostienen los chilenos) el paralelo como frontera marítima, el cual, dicho sea de paso, se menciona en por lo menos cinco actos jurídicos refrendados por el Perú, desde 1947 hasta 1969. El gran dilema para los jueces es ahora determinar, o más bien interpretar, si el uso de esta palabra, “paralelo”, pese a su persistencia, fue provisional o no. Si utilizo la metáfora del fútbol, el marcador sería 1 ½ a 1 a favor del Perú; si la corte hubiera sido un ring de box, apelo a la inolvidable primera pelea de Sugar Ray Leonard vs. ‘Mano de Piedra’ Durán. Por tanto, mi percepción es que, de todas maneras, algo vamos a ganar. Tal vez se nos conceda el llamado triángulo externo, más de 37 mil kilómetros cuadrados de mar, y es posible que se establezca el punto Concordia, a la orilla del mar, y no el Hito Nº 1 como punto de partida de la frontera marítima. Hacia allí apuesta mi moderación, ojalá me equivoque.

 

ES CIERTO QUE EL PERÚ DESBARATÓ CONTUNDENTEMENTE LOS ARGUMENTOS CHILENOS, PERO LOS ABOGADOS DE ESE PAÍS TAMBIÉN SON BRILLANTES Y RESPONDIERON A LA ALTURA

 
Rene
Gastelumendi

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