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Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 01-02-2011 | Rene Gastelumendi

LA PARADOJA EGIPCIA

 

Para muchos el curso de la historia en el mundo islámico ya cambió con la caída del régimen tunecino de Ben Alí, al margen de lo que pase con la actuales protestas egipcias  que están a punto de sacar (si es que no lo han hecho ya) a una dictadura -apoyada por occidente- con más de treinta años en el poder.

 

Pese a que Túnez tenía algunas particularidades como un mayor autoritarismo, mejor educación, mucho más clase media  y un ejército neutral, un buen número de analistas coincide en señalar que un terremoto de grandes cambios, una verdadera revolución,  se estaría propagando en la compleja comunidad norafricana cuyas poblaciones están decididas a poner fin a décadas de satrapías.Tunecinos y egipcios están reclamando lo mismo: no más desigualdad en el reparto de riquezas y no más corrupción generalizada, además de la ausencia de un proyecto nacional y la falta de perspectivas para los jóvenes.

 

Hay que advertir, sin embargo, que tal ‘revolución’ podría no ser tal y que, específicamente en el caso de Egipto, sus pobladores podrían terminar cambiando mocos por babas y seguir subyugados por otro tipo de dictadura aún más peligrosa y represiva: el fundamentalismo religioso islámico.Detrás de la oposición, liderada por el nobel de la paz Mohamed el Baradei, existe un antiguo movimiento integrista musulmán local con conexiones internacionales en la región llamado “La sociedad de los hermanos musulmanes” que, definitivamente, va a reclamar una amplia cuota de poder si es que Mubarak finalmente es defenestrado. Los “Hermanos musulmanes” promueven el uso de la sharia o ley musulmana como forma de gobierno, el rechazo hacia occidente, y apoyan movimientos calificados como terroristas como “Hamas” en Palestina. No debemos olvidar que el hoy  convulsionado Egipto, con sus ochenta millones de habitantes,  ha sido uno de los niños mimados de Estados Unidos, debido a su importancia secular y poblacional en una comunidad en donde los movimientos radicales del islam son considerados como una permanente amenaza que, ante los ojos de Washington, Hosni Mubarak supo controlar. No en vano Mubarak, pese a ser un dictador,  ha sido durante sus 30 años de reinado un firme aliado de Estados Unidos e Israel en la lucha antiterrorista y en las negociaciones de paz de la región. Solo el año pasado, por ejemplo, el ejército egipcio recibió subvenciones estadounidenses por 1.300 millones de dólares.Para las agitadas sociedades  árabes,el desafío que están planteando ambas situaciones, la tunecina y la egipcia,es enorme,pues si fracasan, podrían ser el caballo de batalla de los regímenes autoritarios para reiterarla misma fórmula de manipulación que hasta hace poco les venía funcionando frente a sus pueblos: nosotros o el caos, pero también frente a sus aliados occidentales, aunque en este caso la ecuación cambia: nosotros o el integrismo islámico.

 
Rene
Gastelumendi

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