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Martes 22 de Mayo del 2012

Columnistas | 21-06-2011 | Rene Gastelumendi

CHILE, HUMALA Y LOS PERUANOS

Dados sus antecedentes, ni chilenos ni peruanos hubiéramos podido imaginar a Ollanta Humala al lado de Sebastián Piñera anunciando, ante toda la prensa sureña, la posibilidad de venderle gas a Chile.

 

Como muchos ex cadetes del ejército peruano, en el 2006, Humala seguía siendo un ‘antichileno’ prácticamente confeso. Cinco años después, en la reciente campaña electoral, la moderación que lo llevó al triunfo también alcanzó su postura personal frente al vecino del sur. Sus contenidos deseos, sin embargo, lo traicionaron durante la primera vuelta. Ollanta Humala amenazó con tratar de la misma forma en que, según él y muchos más,  tratan en Chile a los capitales peruanos, a los capitales chilenos en nuestro país. “Todo lo que no lo han ganado en una guerra lo quieren ganar con sus negocios”, decía. Con una firmeza mayor reclamó también un buen trato hacia nuestros compatriotas migrantes, más de ciento treinta mil en esas tierras cercanas, ajenas y prósperas que corrieron el riesgo de pagar los platos rotos por las poco amistosas palabras de su hoy ilustre connacional.  Humala llegó a decir de ellos, hace poquito, en febrero nomás: “mucho cuidado con cholearlos y vejarlos que igualito los vamos a tratar a los chilenos aquí”. Cuatro meses después de aquellas declaraciones, un sonriente Ollanta Humala visitó a un Piñera, igual de sonriente, hasta el mismo palacio de la Moneda y terminaron mostrándose como grandes amigos. La nueva postura elegida por Humala puede resultar contradictoria pero, más allá del dicho peruano, “una cosa es con guitarra y otra con cajón”,  el inesperado viraje, más humano que humalista, no podría sintonizar mejor con todo lo que representa Chile dentro del complejo imaginario colectivo nacional:

 

El país que nos ganó una guerra,  nos quitó territorio valioso en minerales y nos dejó una herida abierta que aún no cierra por completo. El país que, de una manera obsesiva, invierte varias veces más que todos  sus vecinos en presupuesto militar, el país que se quiere apropiar también del nombre de nuestra bebida de bandera, el país que nos ha invadido comercialmente, el país que no quiere reconocer nuestra frontera marítima. El país que en una eventual nueva guerra nos derrotaría de forma igual o más contundente que en 1879. El país que, con el paso del tiempo, se convirtió en el primer alumno en economía de toda la región, el que más se acerca al primer mundo. El país que tiene el ingreso per cápita más alto de toda Latinoamérica,   el país que nos enrrostran como ejemplo de lo que hay que hacer, en varios aspectos de la vida nacional, un buen número de analistas peruanos de todas las tendencias.  El país que tiene una clase política madura para la que  el progreso de su nación está por encima de los partidos e intereses personales que la conforman. El país que Alan García llamaba, durante su primer gobierno, el Israel de Sudamérica. El país cuyo pabellón lleva escrito en su escudo un lema que dice: “por la razón o por la fuerza”.  El país que ha quedado rendido ante nuestra culinaria,  producto de la riqueza cultural que nos envidian. El país cuyo actual presidente, sabiendo la cercanía del territorio que gobierna y sus posibilidades de pagar el mejor precio, le pide por favor a Ollanta Humala que contemplemos la posibilidad de venderles el gas que tampoco tienen.

 
Rene
Gastelumendi

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