Ganó Humala. No cuestionemos los resultados. Es la democracia. El imperio de la mayoría. La decisión de las masas. Nunca deseé tanto el haberme equivocado. Porque mis queridos amigos, los Vargas Llosa, confían en que Ollanta ha cambiado. Que no hará un gobierno chavista. Que será democrático y digno. Yo no creo. Creo que el Perú va a retroceder durante los próximos años, entre poemas de Neruda y melodías de la Nueva Trova.
Mañana empezará la fuga de capitales. Después del retiro de los fondos mutuos, durante toda la semana próxima saldrán del sistema financiero cientos de miles de dólares de pequeños ahorristas de la clase media que recuerda a Velasco. El camino siguiente dependerá de la sensatez de Humala o, mejor dicho, de quienes lo asesoran en lo económico. El problema es que su equipo no entiende un comino de finanzas. Tendrá que cambiarlo por completo si espera empezar con buen pie.
Luego vendrá la rutina. No más la rutina de un país en efervescencia, con oportunidades de negocios y de mejora en la calidad de vida de las mayorías. No. Será la rutina de un país gobernado sobre la base del odio. De sentimientos hostiles hacia la generación de riqueza. De odios “justificados” por una lectura marxista de la sociedad. El siglo XIX imponiéndose en el siglo XXI.
Qué pena. Ojalá me equivoque. Ojalá los Vargas Llosa hayan acertado y yo esté errado. Nunca deseé tanto el haberme equivocado.
Daniel
Cordova