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Miércoles 23 de Mayo del 2012

Columnistas | 16-02-2012 | Alberto Massa

EL NIÑO RATA

Conozco a Pedro Spadaro. Fui Secretario General y Jefe del Gabinete de Asesores de la Presidencia del Gobierno Regional del Callao, mientras Pedro desempeñaba la Gerencia Legal. Con el Presidente y el Gerente, constituimos la Alta Dirección, decorado del cual pudo prescindirse. Cuando los Gerentes Legales tomaban licencia, por inercia y especialidad, yo las asumía temporalmente.

 

Spadaro fue y debe seguir igual: ejecutivo, conocedor de sus responsabilidades y capacitado tanto para el cargo antiguo como para el actual. Hablo “a ojo de buen cubero”, pues nunca fui fiscalizador de sus funciones.

 

Un día estando en la oficina del Gerente General, con el Procurador del Gobierno Regional, ingresó sin anunciarse el ‘niño rata’. Se le conocía como un arquitecto próspero en la actividad privada, quien desempeñaba una subgerencia por pura generosidad. Se trataba de un promotor de la ‘inclusión social’. Si alguna vez supe su nombre, créanme, lo he olvidado.

 

Llegó blanco, a pesar que desciende de Felipillo, se encontraba en estado de ‘shock’. Le pedí que se acercase y, sin repugnancia, le cogí la muñeca derecha en la que latían 180 pulsaciones por minuto. Su cara transparente, la afasia y la extrema velocidad sistólica, me permitieron el atrevimiento de decirle: “Te has ganado 20 años de cárcel”.

 

El Gerente General tomó, recién en ese momento, conocimiento que en una explanada del primer piso, se venía desarrollando una licitación y que un postor, nada bobo, había llevado personal de la fiscalía y de la PNP para constatar ‘in situ’ una sucia flagrancia. Uno de los gerentes, quien toreaba al alimón con el ‘niño rata’, se encerró en uno de los baños, en ataque de pánico y sufrió un desmayo, de lo más rosquete, para poder abandonar las instalaciones en ambulancia.

 

El Gerente General le pidió al Gerente Legal y a una abogada de armas tomar, que disolviesen la ‘mise en scene’ y arreglasen el desaguisado de acuerdo a su leal saber y entender. Después se inició un proceso judicial y a los abogados, por ausencia de lucro económico, se les juzgó con un artículo distinto del Código Penal, que al ser menos represivo prescribe en menor tiempo. Spadaro, ni la doctora Jackie (me acordé de su nombre) huyeron del país, ni esperaron la prescripción mientras jugaban en casinos extranjeros. Le entraron al trapo, como dicen en ‘La Maestranza de Sevilla’, y el desarrollo de los acontecimientos judiciales les permitió a ambos acogerse a la prescripción.

 

El Presidente del Gobierno Regional, Rogelio Canches, no se encontraba en el edificio, no recuerdo si estaba fuera del Callao o del Perú, pero cuando tomó nota de los acontecimientos sufrió un serio disgusto y ordenó al Gerente General una severa investigación. Canches y Spadaro son hoy congresistas de distintas tiendas, pero son civilizados y pueden coexistir en el mismo recinto. Les hago un llamado a la reflexión, pues noté ciertas declaraciones destempladas de alguno de ellos.

 
Alberto
Massa

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