A unque este es uno de los casos que podríamos llamar “crónica de una muerte anunciada” no deja de dar una pena particular la muerte de Whitney Houston, quien deja un gran vacío en la historia de la música pop. No es el primero ni será el último ejemplo de artistas famosos que claudican ante una vida de excesos, pero pocos tenían garantizado casi desde sus inicios un futuro tan prometedor debido a tanto y tan completo talento.
Whitney fue encontrada muerta por su peluquera la semana pasada, dentro de su tina en el hotel Hilton de Beverly Hills y con la cabeza metida debajo del agua. En esos momentos se preparaba para asistir a la fiesta de su productor musical, Clive Davis, quien la descubriera a principios de los ochenta. Este iba a ser uno de los eventos previos a la ceremonia de entrega de los premios Grammy, donde Houston tenía pensado participar y donde brilló tantas veces.
A los 48 años y luego de pelear una guerra personal que la hizo “desaparecer” del ambiente musical durante varias temporadas, nos dejó una de las artistas más galardonadas de todos los tiempos, con más de 400 trofeos recibidos a lo largo de toda su carrera; por consiguiente, también una de las mayores vendedoras de discos.
Conocida como “la voz” por el registro que alcanzaba al cantar, también protagonizó para el cine algunas películas como El guardaespaldas, donde Kevin Costner fue su galán y cuya banda sonora incluye una versión de la canción de Dolly Parton I will always love you que se convirtió en uno de los sencillos más vendidos en la historia por una artista femenina.
Criada como vocalista gospel desde niña, sobrina y ahijada de Dionne Warwick y Aretha Franklin, la tragedia de Whitney empezó cuando se casa a principios de los noventa con el también cantante Bobby Brown, con quien conoció un infierno de maltratos y drogas. Aunque los últimos años de su vida los pasó entrando y saliendo de centros de rehabilitación, las adicciones contra las que peleaba se la terminaron llevando antes de lo previsto.
Ojalá casos como este sirvieran de ejemplo a jóvenes que empiezan a usar drogas sin medir las consecuencias. Ellos subestiman el peligro sin considerar que el gran problema es que una cosa lleva a la otra y que cuando menos cuenta se dan están tan enganchados que no encuentran ya salida alguna. Usemos ejemplos como este para abrirles los ojos.
Veronica
Becerra