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Miércoles 23 de Mayo del 2012

Columnistas | 27-10-2011 | Rosario Sasieta

Es mejor prevenir que lamentar

Las preocupaciones se pierden con el tiempo

Ramón de Campoamor

 

Hace unos años llegó a mi consulta una señora bastante mayor. Quería hacer un adelanto de herencia (anticipo de legítima) y ceder la casa en favor de su única hija. Ella estaba por casarse.

 

Le aconsejé a la señora que el anticipo lo otorgara con “usufructo vitalicio”, es decir, que podría seguir viviendo en la casa hasta el final de sus días y nadie podría negarle ese derecho. La señora se ofendió. Me dijo que no podía dudar de la honestidad de su hija, que ellas tenían una maravillosa relación basada en la total y absoluta confianza y yo no tenía ningún derecho a plantear tamaño disparate.

 

Pasaron los años y el yerno de mi clienta (el esposo de su hija), efectuó un desfalco en la empresa donde laboraba. El perjudicado amenazó con denunciarlo si no regresaba el dinero ilícitamente apropiado. Se pueden imaginar la desesperación de la hija de la señora. No tuvo más remedio que vender la casa para con ese dinero pagar la deuda del esposo. Desalojó a su propia madre de la propiedad y ella terminó viviendo los últimos días de su vida en un cuartito alquilado en precarias condiciones.

 

Mi intención no era que la señora desconfíe de su hija, sino proteger sus intereses, en este caso específico su casa, que era el bien más preciado que poseía. Las situaciones legales son siempre cambiantes y es necesario ponerse en varias posibilidades para no tener problemas irremediables en el futuro.

 

Muchas veces me he visto en casos que vienen a consulta personas mayores acompañadas de los hijos e intento equilibrar la balanza brindando consejos que puedan ampliar el panorama legal, para que las personas mayores puedan tener control sobre el patrimonio que tanto les ha costado forjar.

 

Es comprensible que los patriarcas o matriarcas familiares se preocupen por sus descendientes, pero estas buenas intenciones no pueden perjudicarlos. No es justo que después de una vida de sacrificios terminen viviendo en forma humillante.

 

Un consejo que siempre doy a las personas mayores: escondan los lapiceros de la casa. No firmen nada si no se han asesorado adecuadamente con un abogado de absoluta confianza.

 

El tiempo a veces cruelmente me da la razón, son ya algunas décadas viendo estos temas y la verdad no es nada agradable ver finales tan tristes para nuestros ancianos.

 

Hasta el próximo jueves

 

www.rosariosasieta.org

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