“La mejor forma de tener buenos niños es hacerlos felices”
(Oscar Wilde)
De los casos más complicados que se han presentado a mi consulta en estas 3 décadas de abogada, las violaciones a menores de edad son las que siempre nos conmueven sobremanera. Al ser la víctima un menor en estado de indefensión y, por lo general, con miedo reverencial, por ser el agresor una persona muy cercana a su círculo familiar, estos delitos son los más perversos, cobardes y maliciosos que se puedan cometer en nuestra sociedad.
Solo el año pasado, según cifras oficiales, se han registrado un aproximado de siete mil quinientos casos de asaltos y agresiones sexuales a menores de edad en todo el país. Si esta cifra le resulta escandalosa, tenga en cuenta que hablamos de una cifra registrada y verificada. De una cifra que logró pasar el filtro de una denuncia, que no pocas veces se diluye en una comisaría. Hablamos de una cifra basada en una investigación bien llevada y que derivó en una acusación fiscal y se encuentra en proceso judicial o ya ha tenido una sentencia condenatoria.
La pregunta cae de madura: ¿Y los menores que no avisaron del vejamen? ¿Y los familiares que no creyeron o que no denunciaron? ¿Y la comisaría que no asumió la importancia real que merecía? ¿Y el fiscal que planteó mal su caso? Y en el peor de los casos, de los jueces que dictaminaron su fallo sin criterio verdadero o con fines subalternos.
Entonces podemos verificar con facilidad que la cifra real (no la oficial) debe superar largamente este escandaloso y vergonzoso número. Hay pues escondido un subregistro. Muchas veces nos enfrascamos en discusiones parciales. Que existan escuelas para padres obligatorias. Que regalen píldoras anticonceptivas. Que donen píldoras del día siguiente. Que legalicen el aborto. Que prohíban las películas para adultos y un largo etcétera.
El tema de la protección al menor y su integridad física y emocional no se basa en soluciones inmediatas o parciales. El Estado debe mirar los problemas de nuestra niñez con prioridad y empezar a diseñar políticas y programas de salud integral en todos los sectores.
Así como hoy podemos hablar de derechos igualitarios, de equidad de género y empoderamiento económico de la mujer, es el momento de trabajar en el sector más importante y a la vez indefenso de nuestra sociedad. No podemos pedir seguridad para el futuro si no empezamos a trabajar en el capital humano del Perú de hoy.
Hasta el próximo jueves.
www.rosariosasieta.org
Rosario
Sasieta